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  • Día 25, La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Nazaret: símbolo y realidad del Reino del Fiat Divino; la vida oculta. La depositaria, fuente y canal perenne.

    El alma a su Reina

    Dulce Madre, aquí estoy de nuevo junto a tu regazo materno donde te encuentro en compañía del niño Jesús; tú acariciándolo le cuentas tu historia de amor y Jesús te cuenta la suya.

    ¡Oh, qué bello es ver a Jesús y a su Madre que se hablan mutuamente! Y es tanto el ardor de su amor que perdiendo el habla entran en éxtasis, extasiados la Madre en el Hijo y el Hijo en la Madre.

    Madre Santa, no me hagas a un lado, tenme junto a ti, para que escuchándote aprenda a amarte a ti y a Jesús y a hacer siempre la Santísima Voluntad de Dios.

    Lección de la Reina del Cielo

    Oh, cómo te esperaba, hija mía, para darte mis lecciones sobre el Reino que el Fiat Supremo extendía cada día más en mí.

    Tú debes saber que la pequeña casa de Nazaret era un paraíso para tu Madre, para nuestro amado y dulce Jesús y para San José. Mi querido Hijo, siendo el Verbo Eterno, poseía en sí mismo, por virtud propia, la Divina Voluntad y en su pequeña humanidad residían mares inmensos de luz, de santidad, de alegrías y de bellezas infinitas; yo poseía por gracia la Divina Voluntad y aunque no podía abrazar la inmensidad como mi amado Jesús, pues él era Dios y hombre y yo era siempre una criatura finita, no obstante el Fiat Divino me llenó tanto que formó en mí sus mares de luz, de santidad, de belleza y felicidad; era tanta la luz, el amor, y todo lo que puede poseer una Voluntad Divina, que se llegaba a vislumbrar fuera de nosotros y San José quedaba eclipsado e inundado y vivía de nuestros reflejos.

    Querida hija, en esta casa de Nazaret estaba en pleno vigor el Reino de la Divina Voluntad. Cada pequeño acto nuestro, es decir, el trabajo, el encender el fuego, el preparar la comida, todo estaba animado por la Voluntad Suprema y formado sobre la solidez de la santidad y del amor más puro. Así que desde el más pequeño hasta el más grande de nuestros actos emanaba alegrías, felicidad, bienaventuranzas inmensas y nosotros quedábamos talmente inundados, que nos sentíamos bañados por una lluvia torrencial de alegrías y gozos indescriptibles.

    Hija mía, tú debes saber que la Divina Voluntad posee por naturaleza la fuente de toda alegría y cuando reina en la criatura se complace comunicándole a cada uno de sus actos el acto nuevo y continuo de sus alegrías y felicidad.

    ¡Oh, qué felices éramos! ¡Todo era paz, unión suma y nos sentíamos honrados de obedecernos el uno al otro! ¡Hasta mi querido Hijo, a cual más, quería ser mandado en los pequeños quehaceres tanto por mí como por el querido San José! ¡Oh, qué bonito era verlo ayudar a su padre putativo en los trabajos manuales, verlo tomar sus alimentos! ¡Cuántos actos de gracia hacía correr en aquellos actos a beneficio de todas las criaturas!

    Ahora bien, querida hija mía, escúchame; en esta casa de Nazaret fue formado, en tu Madre y en la humanidad de mi Hijo, el Reino de la Divina Voluntad, para donarlo a la familia humana cuando se dispusiera a recibir el bien de este Reino. Mi Hijo era Rey y yo era Reina, sin embargo éramos Reyes sin un pueblo; nuestro Reino bien podía abarcar a todos y darle vida a todos, sin embargo estaba desierto, pues era necesario que primero viniera la redención, para preparar y disponer al hombre para que pudiera entrar a este Reino tan Santo; tanto más que, siendo poseído por mí y por mi Hijo, que pertenecíamos según el orden humano a la familia humana y en virtud del Fiat Divino y del Verbo encarnado a la familia divina, las criaturas recibían el derecho de entrar a este Reino y la Divinidad, cediendo sus derechos, dejaba las puertas abiertas para quien quisiera entrar. Por eso, nuestra vida oculta, la cual duró tantos años, sirvió para prepararles el Reino de la Divina Voluntad a las criaturas.

    Esta es la razón por la que quiero darte a conocer lo que hizo en mí el Fiat Supremo, para que te olvides de tu voluntad y dándole la mano a tu Madre, te pueda conducir en los bienes que con tanto amor te he preparado.

    Dime, hija de mi Corazón, ¿nos complacerás a mi querido Hijo y a mí, que con tanto amor te esperamos en este Reino tan Santo, para que vivas junto con nosotros y vivas enteramente de Voluntad Divina?

    Querida hija mía, escucha, otro exceso de amor que mi amado Jesús me donó en esta casa de Nazaret: él me hizo depositaria de toda su vida. Cuando Dios hace una obra no la deja suspendida en el vacío, sino que siempre busca una criatura en la cual poder encerrar y apoyar toda su obra, de lo contrario correría el peligro de que Dios expusiera sus obras a la inutilidad, lo cual no puede ser. Es por eso que mi amado Hijo depositaba en mí sus obras, sus palabras, sus penas, todo, hasta sus respiros depositaba en mí. Retirándonos a nuestra habitación él tomaba la palabra y con una dulzura extraordinaria me narraba todos los Evangelios que debía predicar al pueblo, los sacramentos que debía instituir, todo me confió y depositando todo en mí me constituyó canal y fuente perenne, porque de mí debía salir su vida y todos sus bienes a beneficio de todas las criaturas.

    ¡Oh, cómo me sentía rica y feliz al sentir que mi amado Hijo Jesús depositaba en mí todo lo que hacía! La Divina Voluntad que reinaba en mí me daba el espacio para poder recibirlo todo y Jesús se sentía correspondido de parte mía por todo el amor y la gloria de la obra de la redención.

    ¿Qué cosa no llegué a recibir de Dios por no haber hecho nunca mi Voluntad sino siempre la suya? Todo, hasta la vida misma de mi Hijo estaba a mi disposición y mientras era siempre mía, podía bilocar la vida de mi Hijo para dársela a quien me la pidiera con amor.

    Y ahora, hija mía, unas palabras para ti. Si te decides a hacer siempre la Divina Voluntad y nunca la tuya, viviendo en ella, yo, tu Madre, depositaré todos los bienes de mi Hijo en tu alma. ¡Oh, qué afortunada te sentirás! Tendrás a tu disposición una vida divina que te dará todo; y yo, como verdadera Madre tuya, cuidaré que esta vida divina crezca en ti y forme el Reino de la Divina Voluntad en tu alma.

    El alma

    Madre Santa, me abandono en tus brazos. Soy una de tus hijas más pequeñas que siente la extrema necesidad de tus cuidados maternos. Te suplico que tomes mi voluntad y la encierres en tu Corazón; nunca más me la vayas a dar, para que pueda ser feliz viviendo siempre de Voluntad Divina. Así te complaceré a ti y a mi amado Jesús.

    Propósito:

    Para honrarme en este día, vendrás a visitarme tres veces a la casa de Nazaret y para honrar a la Sagrada Familia recitarás tres veces el "Padre Nuestro ", el "Ave María " y el "Gloria al Padre ", pidiéndonos que te admitamos a vivir entre nosotros.

    Jaculatoria:

    "Jesús, María y José, háganme vivir junto con ustedes en el Reino de la Voluntad de Dios. "
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  • Vol. 20. Noviembre 6, 1926 » Libro de cielo
    Cuando haya cumplido su manifestación, promete llevarla al Cielo. Los nuevos apóstoles del Fiat. Grandes gracias se necesitan para comprender una Voluntad Divina. Quien vive en el Fiat concentra en sí el cielo, el sol y todo.
    Me sentía toda oprimida bajo el peso de la privación de mi dulce Jesús. ¡Oh, cómo suspiraba la patria celestial, donde no más lo perderé de vista, no estaré más sometida al duro martirio de sentirme morir y no morir! Ahora, mientras me encontraba cansada y sin fuerzas para esperar, mi dulce vida, mi amado Bien, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, pero todo afligido porque parecía que estaba mandando flagelos sobre la tierra, y para no darme más pena no quería hacérmelos ver, pero por el modo de verlo yo entendía los flagelos que estaba mandando, y suspirando me ha dicho:
    "Hija mía, ánimo, déjame que termine de manifestarte lo que es necesario respecto al reino de mi Voluntad, a fin de que nada falte para poderlo formar en medio de la familia humana, y después de que haya cumplido todo, en seguida te traeré a nuestra patria. ¿Crees tú que tienes primero que ver el pleno triunfo del Eterno Fiat para venir al Cielo? Su pleno triunfo lo verás desde el Cielo. De ti sucederá lo que sucedió de Mí para el reino de la Redención, hice todo lo que se necesitaba, formé el fundamento, di las leyes, los consejos que se necesitaban, instituí los Sacramentos, dejé el evangelio como norma de su vida, sufrí penas inauditas, hasta la muerte, pero poco o casi nada vi estando en la tierra de los frutos, del desarrollo de la Redención. Después de haber hecho todo y no teniendo ya más qué hacer, confié todo a los apóstoles a fin de que fueran ellos los anunciadores del reino de la Redención, para que salieran los frutos de mis trabajos que hice para este reino. Así sucederá para el reino del Fiat Supremo, lo haremos juntos hija mía, tus penas, tus grandes sacrificios, tus incesantes oraciones para que venga pronto mi reino y mis manifestaciones sobre Él, los uniré todos juntos conmigo y formaré los fundamentos, y cuando todo lo haya completado confiaré a mis ministros mi reino, a fin de que como segundos apóstoles del reino de mi Voluntad hagan de anunciadores. ¿Crees tú que sea casualidad la venida del Padre Di Francia, que muestra tanto interés y que ha tomado en serio la publicación de lo que se refiere a mi Voluntad? No, no, lo he dispuesto Yo, es un acto providencial de la Suprema Voluntad que lo quiere como primer apóstol del Fiat Divino y anunciador de Él, y como es fundador de una obra es más fácil que se acerque a obispos, sacerdotes y personas, y también en su mismo instituto para anunciar el reino de mi Voluntad, y por eso lo asisto tanto y le doy luz especial, porque para entender mi Voluntad se necesitan gracias grandes y no pequeñas luces, sino un sol, para comprender una Voluntad Divina, Santa y Eterna, y gran disposición por parte de a quien le viene confiado este oficio. Y además, también la venida diaria del sacerdote la he dispuesto Yo, para que encontrara rápidamente los primeros apóstoles del Fiat de mi reino, a fin de que pudiesen anunciar lo que respecta a mi Eterno Querer. Por eso déjame primero completarlo, a fin de que después que esté cumplido lo pueda confiar a los nuevos apóstoles de mi Voluntad, y tú puedas ir al Cielo para ver desde allá arriba los frutos del suspirado reino del Eterno Fiat."
    Después me quedé haciendo mis acostumbrados actos en el Querer Supremo y pensaba entre mí: "Mi pobre mente gira por el mar, por el sol, por el cielo, por todas partes para seguir los actos que hace la adorable Voluntad en la Creación, pero terminando de girar me encuentro siempre en lo bajo de mi duro exilio. ¡Oh! cuánto quisiera quedarme al menos en el azul cielo para hacer el oficio de una estrella a mi Creador, pero yo desaparecería de en medio de las estrellas porque no soy ni bella, ni luz como las estrellas, y por lo tanto todas me arrojarían precipitándome en lo bajo de mi largo exilio." Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
    "Hija mía, quien vive en mi Voluntad vive en la unidad de su Creador, que tiene todo en Sí, tiene en su unidad a toda la Creación y así como tiene la Creación así tiene en su unidad al alma que vive en el Eterno Fiat, y esta unidad le lleva todos los reflejos de su Creador y su unidad con toda la Creación, de modo que se ve en el alma la imagen viviente de Aquél que la ha creado, que manteniendo su unidad con todos, la tiene a los reflejos de todas las cosas creadas por Él, y estos reflejos forman en el fondo del alma el mar, el sol, el cielo y las estrellas y todas las variedades encantadoras de la naturaleza, así que el alma que vive en mi Voluntad, puesta en el azul cielo formaría el más bello ornamento a esa bóveda azul, de hacer maravillar cielo y tierra, tendría todo en sí a su Creador, un cielo, un sol, un mar todo propio, no le faltaría ni siquiera la tierra toda florida, el canto dulce de los pájaros, portador de la alegría y de la música armoniosa de su Creador, porque cada cosa creada contiene una nota divina. Por eso en vez de precipitarte desearían tenerte en medio de ellas, porque entre los tantos prodigios que tiene mi Querer, tiene la potencia de pintar en el alma todas nuestras obras y de concentrar en ella todos sus actos, no está contento si no ve en el alma su belleza, si no encuentra su eco, su alegría y todo Sí mismo."
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  • Día 24. La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Un impío tirano. El pequeño Rey Jesús es conducido por su Madre y San José a una tierra extranjera, a donde van como pobres exiliados. El regreso a Nazaret.

    El alma a su Reina de los Dolores

    Soberana Madre mía, tu pequeña hija siente la necesidad de venir cerca de tus rodillas maternas, para hacerte un poco de compañía. Veo que tu rostro está velado por la tristeza y que se te escapan algunas lágrimas de los ojos. Tu dulce niñito tiembla y solloza por el dolor.

    Madre Santa, quiero unir mis penas a las tuyas para confortarte y para calmarle el llanto al niño celestial. Ah, Madre mía, no me lo niegues, revélame el secreto: ¿qué hay de funesto para mi querido niño?

    Lección de la Madre y Reina

    Querida hija mía, hoy el Corazón de tu Madre está rebosando de amor y de dolor, tanto que no puedo contener las lágrimas. Tú sabes de la venida de los reyes magos; ellos al pasar por Jerusalén preguntando por el nuevo Rey hicieron correr un rumor. El impío Herodes, por temor a ser derrocado del trono ha dado ya la orden de matar a mi amado Jesús, a mi dulce Vida, junto con todos los demás niños.

    ¡Qué dolor, hija mía! ¡Quieren matar mi Jesús, a él que ha venido a darles la vida a todos y a traer al mundo una nueva era de paz, de felicidad y de gracia! ¡Qué ingratitud! ¡Qué perfidia! ¡Ah, hija mía, hasta donde llega la ceguera de la voluntad humana! Llega hasta hacerse feroz, a atarle las manos al Creador mismo y querer ser dueña de quien la creó. Por eso, compadécete, hija mía, y trata de calmarle el llanto al dulce niño; llora por la ingratitud humana que habiendo apenas nacido ya lo quiere matar.

    De manera que para salvarlo nos vemos obligados a huir. Ya San José ha sido advertido por el Angel, quien le ha dicho que partamos rápidamente para tierra extranjera. Tú acompañanos, hija querida, no nos dejes solos y yo seguiré dándote mis lecciones sobre los graves males que puede provocar la voluntad humana.

    Tú debes saber que apenas el hombre se separó de la Divina Voluntad, rompió con su Creador. Todo lo que Dios había hecho sobre la tierra lo hizo por el hombre, todo era de él y, no queriendo hacer la Voluntad de Dios, perdió todos sus derechos, bien se puede decir que no tenía a donde ir; de manera que se convirtió en un pobre exiliado, en un peregrino que no podía poseer una habitación permanente y esto no solamente en el alma, sino también en el cuerpo. Todas las cosas se hicieron mutables para el pobre hombre y si algo le quedó fue en virtud de los méritos previstos de este niño celestial. Y esto porque toda la magnificencia de la creación fue destinada por Dios para darla a quienes hubieran hecho la Divina Voluntad y vivido en su Reino. Todos los demás, si toman alguna cosa, son verdaderos ladrones de su Creador, pues no quieren hacer la Divina Voluntad pero si quieren los bienes que le pertenecen.

    Hija mía, escucha cuanto te amamos tanto yo como este querido niño. A los primeros albores de su vida debe ir al exilio, a una tierra extranjera, para liberarte del exilio en que tu voluntad humana te ha arrojado y llamarte para que regreses a vivir, ya no en tierra extranjera, sino en tu patria, la cual te fue dada por Dios cuando te creó, y es decir, en el Reino del Fiat Supremo. Hija de mi Corazón, ten piedad de las lágrimas de tu Madre y de las de este querido y dulce niño; llorando te rogamos que nunca hagas tu voluntad y te suplicamos que vuelvas al seno de la Divina Voluntad que tanto te quiere.

    Querida hija, entre el dolor de la ingratitud humana, las inmensas alegrías que el Fiat Divino nos daba y la fiesta que le hizo toda la creación a mi dulce niño; la tierra reverdecía y florecía a nuestro paso, para ofrecerle su homenaje al Creador; el sol lo iluminaba y entonando himnos con su luz, se sentía honrado de darle su luz y calor; el viento lo acariciaba, los pajarillos casi como si fueran nubes revoloteaban en torno a nosotros y con sus trinos y cantos le cantaban las más bellas canciones de cuna a mi amado niño, para calmarle el llanto y reconciliarle el sueño. Hija mía, estando en nosotros la Divina Voluntad teníamos poder sobre todo.

    Llegamos entonces a Egipto y después de un largo período el Angel del Señor le hizo saber a San José que regresáramos a la casa de Nazaret, porque el impío tirano había muerto. Fue así que volvimos a nuestra patria, a nuestra tierra nativa.

    Hija mía, Egipto simboliza la voluntad humana, tierra llena de ídolos, mismos que el niño Jesús derribaba a su paso encerrándolos en el infierno. ¡Cuántos ídolos posee la voluntad humana! Idolos de vanagloria, de estima propia y de pasiones que tiranizan a la pobre criatura.

    Por eso, está atenta, escucha a tu Madre, que para hacer que nunca vuelvas a hacer tu voluntad haría cualquier sacrificio y daría también la vida, para poder darte el gran bien de que vivas siempre en el seno de la Divina Voluntad.

    El alma

    ¡Cuánto te agradezco, dulcísima Madre mía, que me hayas hecho comprender el gran mal de mi voluntad humana! Por eso, te ruego que por el dolor que sufriste durante tu exilio en Egipto, hagas que mi alma salga del exilio de mi voluntad y vuelva a mi amada patria: la Divina Voluntad.

    Propósito:

    Para honrarme este día, le ofrecerás al niño Jesús tus acciones unidas a las mías en acción de gracias, pidiéndole que entre en el Egipto de tu corazón para transformarlo todo en Voluntad de Dios.

    Jaculatoria:

    "Madre mía, encierra al pequeño Jesús en mi corazón para que me lo reordene en la Divina Voluntad. "
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  • Vol. 20. Noviembre 6, 1926 » Libro de cielo
    Cuando haya cumplido su manifestación, promete llevarla al Cielo. Los nuevos apóstoles del Fiat. Grandes gracias se necesitan para comprender una Voluntad Divina. Quien vive en el Fiat concentra en sí el cielo, el sol y todo.
    Me sentía toda oprimida bajo el peso de la privación de mi dulce Jesús. ¡Oh, cómo suspiraba la patria celestial, donde no más lo perderé de vista, no estaré más sometida al duro martirio de sentirme morir y no morir! Ahora, mientras me encontraba cansada y sin fuerzas para esperar, mi dulce vida, mi amado Bien, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, pero todo afligido porque parecía que estaba mandando flagelos sobre la tierra, y para no darme más pena no quería hacérmelos ver, pero por el modo de verlo yo entendía los flagelos que estaba mandando, y suspirando me ha dicho:
    "Hija mía, ánimo, déjame que termine de manifestarte lo que es necesario respecto al reino de mi Voluntad, a fin de que nada falte para poderlo formar en medio de la familia humana, y después de que haya cumplido todo, en seguida te traeré a nuestra patria. ¿Crees tú que tienes primero que ver el pleno triunfo del Eterno Fiat para venir al Cielo? Su pleno triunfo lo verás desde el Cielo. De ti sucederá lo que sucedió de Mí para el reino de la Redención, hice todo lo que se necesitaba, formé el fundamento, di las leyes, los consejos que se necesitaban, instituí los Sacramentos, dejé el evangelio como norma de su vida, sufrí penas inauditas, hasta la muerte, pero poco o casi nada vi estando en la tierra de los frutos, del desarrollo de la Redención. Después de haber hecho todo y no teniendo ya más qué hacer, confié todo a los apóstoles a fin de que fueran ellos los anunciadores del reino de la Redención, para que salieran los frutos de mis trabajos que hice para este reino. Así sucederá para el reino del Fiat Supremo, lo haremos juntos hija mía, tus penas, tus grandes sacrificios, tus incesantes oraciones para que venga pronto mi reino y mis manifestaciones sobre Él, los uniré todos juntos conmigo y formaré los fundamentos, y cuando todo lo haya completado confiaré a mis ministros mi reino, a fin de que como segundos apóstoles del reino de mi Voluntad hagan de anunciadores. ¿Crees tú que sea casualidad la venida del Padre Di Francia, que muestra tanto interés y que ha tomado en serio la publicación de lo que se refiere a mi Voluntad? No, no, lo he dispuesto Yo, es un acto providencial de la Suprema Voluntad que lo quiere como primer apóstol del Fiat Divino y anunciador de Él, y como es fundador de una obra es más fácil que se acerque a obispos, sacerdotes y personas, y también en su mismo instituto para anunciar el reino de mi Voluntad, y por eso lo asisto tanto y le doy luz especial, porque para entender mi Voluntad se necesitan gracias grandes y no pequeñas luces, sino un sol, para comprender una Voluntad Divina, Santa y Eterna, y gran disposición por parte de a quien le viene confiado este oficio. Y además, también la venida diaria del sacerdote la he dispuesto Yo, para que encontrara rápidamente los primeros apóstoles del Fiat de mi reino, a fin de que pudiesen anunciar lo que respecta a mi Eterno Querer. Por eso déjame primero completarlo, a fin de que después que esté cumplido lo pueda confiar a los nuevos apóstoles de mi Voluntad, y tú puedas ir al Cielo para ver desde allá arriba los frutos del suspirado reino del Eterno Fiat."
    Después me quedé haciendo mis acostumbrados actos en el Querer Supremo y pensaba entre mí: "Mi pobre mente gira por el mar, por el sol, por el cielo, por todas partes para seguir los actos que hace la adorable Voluntad en la Creación, pero terminando de girar me encuentro siempre en lo bajo de mi duro exilio. ¡Oh! cuánto quisiera quedarme al menos en el azul cielo para hacer el oficio de una estrella a mi Creador, pero yo desaparecería de en medio de las estrellas porque no soy ni bella, ni luz como las estrellas, y por lo tanto todas me arrojarían precipitándome en lo bajo de mi largo exilio." Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
    "Hija mía, quien vive en mi Voluntad vive en la unidad de su Creador, que tiene todo en Sí, tiene en su unidad a toda la Creación y así como tiene la Creación así tiene en su unidad al alma que vive en el Eterno Fiat, y esta unidad le lleva todos los reflejos de su Creador y su unidad con toda la Creación, de modo que se ve en el alma la imagen viviente de Aquél que la ha creado, que manteniendo su unidad con todos, la tiene a los reflejos de todas las cosas creadas por Él, y estos reflejos forman en el fondo del alma el mar, el sol, el cielo y las estrellas y todas las variedades encantadoras de la naturaleza, así que el alma que vive en mi Voluntad, puesta en el azul cielo formaría el más bello ornamento a esa bóveda azul, de hacer maravillar cielo y tierra, tendría todo en sí a su Creador, un cielo, un sol, un mar todo propio, no le faltaría ni siquiera la tierra toda florida, el canto dulce de los pájaros, portador de la alegría y de la música armoniosa de su Creador, porque cada cosa creada contiene una nota divina. Por eso en vez de precipitarte desearían tenerte en medio de ellas, porque entre los tantos prodigios que tiene mi Querer, tiene la potencia de pintar en el alma todas nuestras obras y de concentrar en ella todos sus actos, no está contento si no ve en el alma su belleza, si no encuentra su eco, su alegría y todo Sí mismo."
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  • Todas las buenas obras del mundo reunidas no equivalen al Santo Sacrificio de la Misa.
    Todas las buenas obras del mundo reunidas, no equivalen al Santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la Santa Misa es obra de Dios.

    San Juan María Vianney, el Cura de Ars
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  • Día 23.

    La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Suena la primera hora del dolor. Una estrella con su muda voz llama a los Magos a adorar a Jesús. Un Profeta se hace revelador de los dolores de la Reina Soberana.

    El alma a su Reina Madre

    Dulcísima Madre mía, aquí estoy sobre tu regazo materno; esta hija tuya ya no puede estar sin ti; Madre mía, el dulce encanto del niño celestial que ahora estrechas entre tus brazos y que de rodillas adoras y amas en el pesebre, me extasía, pensando que la dichosa suerte y el mismo pequeño Rey Jesús no son más que frutos y dulces y preciosas prendas del Fiat Divino que extendió en ti su Reino. ¡Oh, Madre, dame tu palabra de que harás uso de tu potencia para formar en mí el Reino de la Divina Voluntad!

    Lección de mi Madre Celestial

    Querida hija mía, que contenta estoy de tenerte cerca de mí para poder enseñarte cómo en todas las cosas se puede extender el Reino de la Divina Voluntad. Todas las cruces, los dolores y las humillaciones revestidas por la vida del Fiat Divino son como materia prima en sus manos con la cual se puede alimentar su Reino y extenderlo siempre más.

    Por eso, préstame atención y escucha a tu Madre. Yo seguía viviendo en la gruta de Belén con Jesús y el querido San José. ¡Qué felices éramos! Aquella gruta; estando en ella el infante divino y la Divina Voluntad operante en nosotros; se había transformado en un paraíso. Es cierto que penas y lágrimas no nos faltaban, pero en comparación con los mares inmensos de alegría, de felicidad, de luz que el Fiat Divino hacía surgir en cada uno de nuestros actos, eran apenas unas cuantas gotitas arrojadas en estos mares. Y además la dulce y amable presencia de mi querido Hijo era una de las cosas que más feliz me hacía.

    Querida hija mía, tú debes saber que al octavo día de haber nacido el niño celestial a la luz del sol, el Fiat Divino sonó la hora del dolor mandándonos circuncidar a nuestro Hijito. Era un corte dolorosísimo al que tenía que someterse el pequeño Jesús, pues la ley de aquellos tiempos imponía que todos los primogénitos se sometieran a este doloroso corte. Se le puede llamar ley del pecado, pero mi Hijo era inocente y su ley era la ley del amor; sin embargo, como vino a encontrar no al hombre rey sino al hombre degradado, quiso degradarse y someterse a la ley, para hacerse hermano suyo y elevarlo.

    Hija mía, San José y yo, sentimos un estremecimiento de dolor, pero impávidos y sin vacilar llamamos al ministro y se le hizo la circuncisión con un corte dolorosísimo. El niño Jesús lloraba por el dolor y se arrojó a mis brazos pidiéndome ayuda. San José y yo mezclamos nuestras lágrimas con las suyas; se recogió la sangre que derramó por primera vez por amor de las criaturas y se le puso el Nombre de Jesús, Nombre potente, que habría de hacer temblar cielos y tierra y hasta al mismo infierno; Nombre que habría de ser bálsamo, defensa y ayuda para todos los corazones.

    Este corte fue la imagen del cruel corte que el hombre le hizo a su alma haciendo su voluntad; mi querido Hijo quiso ser circuncidado para sanar este duro corte hecho por las voluntades humanas, para sanar con su sangre las heridas hechas por tantos pecados que el veneno de la voluntad humana ha producido en las criaturas. De manera que cada acto de voluntad humana es un corte que se hace y una llaga que se abre; y el niño celestial preparaba con su dolorosa circuncisión el remedio para todas las heridas producidas por la voluntad humana.

    Hija mía, otra sorpresa: una nueva estrella resplandece bajo la bóveda del cielo y con su luz va buscando adoradores para conducirlos a que reconozcan y adoren al niñito Jesús; tres personajes, ­­el uno lejano del otro­­, quedan tocados, e iluminados por una luz suprema y siguen la estrella que los conducirá a la gruta de Belén a los pies del niñito Jesús.

    Pero, ¿cuál no fue la sorpresa de estos Reyes Magos al reconocer en el divino infante al Rey del Cielo y de la Tierra, a aquél que venía a amar y a salvar a todos? Porque en el acto en que los magos lo adoraban extasiados por su belleza celestial, el recién nacido niño hizo que se transparentara su Divinidad fuera de su pequeña humanidad. Y yo, poniendo en ejercicio mi oficio de Madre, les hablé largamente de la venida del Verbo y fortifiqué en ellos la fe, la esperanza y la caridad, símbolo de los dones que le ofrecieron a Jesús. Después de todo esto, llenos de alegría, regresaron a sus lugares de origen, para ser los primeros propagadores del nacimiento del Salvador.

    Querida hija mía, no te separes de mí, sígueme a todos lados. Están por cumplirse los cuarenta días de haber nacido el pequeño Rey Jesús y el Fiat Divino nos llama al templo para cumplir la ley de la presentación de mi Hijo. Era la primera vez que salía en compañía de mi dulce niño. Una vena de dolor se abrió en mi Corazón: ¡Iba a ofrecerlo víctima por la salvación de todos! Así que fuimos al templo y entrando, lo primero que hicimos fue adorar a la Majestad Suprema; después llamamos al sacerdote y poniéndolo entre sus brazos hice el ofrecimiento del niño celestial al Padre Eterno ofreciéndolo en sacrificio por la salvación de todos. Cuando lo puse en sus brazos el sacerdote reconoció que era el Verbo Divino y exultó de una alegría inmensa. Después del ofrecimiento me profetizó todos mis dolores. ¡Oh, cómo el Fiat Supremo hizo vibrar intensamente mi Corazón materno con el eco de su voz que me anunciaba la fatal tragedia de todas las penas que debía sufrir mi pequeño Hijo! Pero lo que más traspasó mi Corazón fueron aquellas palabras que me dijo el Santo Profeta: "Este querido niño será la salvación y la ruina de muchos; blanco de las contradicciones. "

    Si la Divina Voluntad no me hubiera sostenido habría muerto al instante de puro dolor. Sin embargo me dio vida y se sirvió de todo aquello para formar en mí el Reino de los dolores en el Reino de su misma Voluntad. De manera que junto con el derecho de Madre que ya tenía sobre todos, adquirí el derecho de ser Madre y Reina de todos los dolores. ¡Ah, sí! Con mis dolores pude adquirir la moneda que se necesitaba para pagar las deudas de mis hijos, incluyendo las de los que me son ingratos.

    Hija mía, tú debes saber que en la luz de la Divina Voluntad yo ya conocía todos los dolores que debía padecer y hasta más de los que me dijo el santo profeta, pero en aquel acto tan solemne de ofrecer a mi Hijo, al volverlos a escuchar, me sentí talmente traspasada, que me sangró el Corazón y se abrieron profundas heridas en mi alma.

    Y ahora, escucha a tu Madre; en tus penas, en los encuentros dolorosos que no te faltan, nunca te vayas a desanimar, con heroico amor, haz que la Divina Voluntad tome su trono real en tus penas, para que te las convierta en monedas de infinito valor, con las cuales podrás pagar las deudas de tus hermanos, para rescatarlos de la esclavitud de la voluntad humana y hacer que entren de nuevo en el Reino del Fiat Divino como hijos libres.

    El alma

    Madre Santa, pongo todas mis penas en tu Corazón traspasado, tú sabes cuanto traspasan mi corazón. Ah, Madre mía, ayúdame y derrama en mi corazón el bálsamo de tus dolores, para que a mí también me toque tu misma suerte y pueda servirme de mis penas como de monedas con las cuales poder conquistar el Reino de la Divina Voluntad.

    Propósito:

    Para honrarme este día, vendrás a mis brazos, para que derrame en ti la sangre que el niño celestial derramó por primera vez, para sanarte las heridas que te ha hecho tu voluntad humana; me ofrecerás también tres actos de amor para mitigar el dolor atroz que le causó la herida al niño Jesús.

    Jaculatoria:

    "Madre mía, derrama tu dolor en mi alma y convierte todas mis penas en Voluntad de Dios. "
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  • Día 22. La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Ha nacido el pequeño Rey Jesús.

    El alma a su Madre Celestial

    Hoy, Madre Santa, siento un ímpetu de amor que no me deja en paz si no voy a tu regazo materno para encontrar en tus brazos al celestial niñito Jesús. Su belleza me extasía, sus miradas me hieren, sus labios; haciéndome ver que llora, gime y solloza; me arrebatan el corazón para amarlo.

    Querida Madre mía, yo sé que tú me amas y por eso te ruego que me hagas un lugarcito en tus brazos para que pueda darle mi primer beso y depositar mi corazón en mi pequeño Rey Jesús y confiarle mis más íntimos secretos que tanto me oprimen; y para hacerlo sonreír le diré: "Mi voluntad es tuya y la tuya mía; por eso, forma en mí el Reino de tu Fiat Divino. "

    Lección de la Reina del Cielo

    Querida hija mía, oh, cómo suspiro tenerte entre mis brazos, para tener la gran satisfacción de poder decirle a nuestro pequeño niñito Rey: "No llores hijito mío, mira, aquí con nosotros está mi pequeña hija que quiere reconocerte como Rey y darte el dominio de su alma, para hacer que extiendas el Reino de tu Divina Voluntad en ella. "

    Hija de mi Corazón, mientras estás del todo ocupada contemplando al niñito Jesús, pon atención y escúchame.

    Tú debes saber que era media noche cuando el pequeño Rey, recién nacido, salió de mi seno materno, pero la noche se transformó en día. El, que era dueño de la luz, disipó la noche de la voluntad humana, la noche del pecado, la noche de todos los males y como señal de lo que hacía en las almas con su habitual Fiat omnipotente, la medianoche se transformó en un día resplandeciente y todas las cosas creadas corrían para elevar sus himnos de alabanza a su Creador encarnado en aquella pequeña humanidad.

    El sol corría para darle sus primeros besos de amor al niñito Jesús y calentarlo con su calor; el viento dominante purificaba con sus olas el aire del establo y con su dulce susurro le decía: te amo; los cielos se conmovieron desde sus cimientos; la tierra exultaba y se estremecía hasta en sus abismos; el mar hacía alboroto con sus olas altísimas; en fin, todas las cosas creadas reconocieron que su Creador estaba ya en medio de ellas y todos a cual más elevaban sus himnos de alabanza hacia él.

    Los Angeles mismos formando luz en los aires, con una voz llena de melodía que todos podían escuchar, cantaban:

    "¡Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad! Ha nacido ya el niñito celestial, en la gruta de Belén, envuelto en pobres pañalitos. "

    Y los pastores pudieron escuchar aquellas voces angélicas porque estaban velando y corrieron a visitar al pequeño Rey Divino.

    Escucha, querida hija mía, apenas recibí entre mis brazos a mi dulce recién nacido le di mi primer beso y mi amor sintió la necesidad de alimentar a mi pequeño Hijo y ofreciéndole mi seno le di de beber abundantemente de mi leche materna, leche que el Fiat Divino había formado en mi persona para alimentar al pequeño Rey Jesús. ¿Quién pudiera decirte lo que sentí y con qué mares de gracia, de amor y de santidad me correspondió mi Hijo? Yo entonces, lo envolví en pobres pero limpios pañalitos y lo recosté en el pesebre: ésta era su Voluntad y yo no podía eximirme de llevarla a cabo. Pero primero quise hacer partícipe al querido San José poniéndolo entre sus brazos, y ¡oh, qué gozo sintió! Se lo estrecho al corazón y el niñito Jesús derramó en su alma torrentes de gracia. Después, junto con San José acomodamos un poco de heno en el pesebre y separándolo de mis brazos maternos lo puse en él. Y yo, extasiada por la belleza del Infante divino, me estaba la mayor parte del tiempo de rodillas ante él y ponía en movimiento todos mis mares de amor que la Divina Voluntad había formado en mí, para amarlo, adorarlo y darle gracias.

    Y ¿qué hacía en el pesebre el niñito celestial? Un acto continuo de la Voluntad de nuestro Padre Celestial, que era también la suya; y con gemidos y suspiros llenos de amor, sollozaba y lloraba y llamaba a todos diciendo:

    "¡Vengan todos, hijos míos, por amor a ustedes he nacido al dolor y a las lágrimas! ¡Vengan, vengan todos a conocer los excesos de mi amor! ¡Háganme un lugarcito en sus corazones! "

    Hubo entonces un ir y venir de humildes pastores que fueron a visitarlo y a todos los veía con su dulce mirada y su sonrisa de amor que se notaba hasta en sus mismas lágrimas.

    Hija mía, ahora unas palabras para ti. Tú debes saber que toda mi alegría era tener en mi regazo a mi querido Hijo Jesús, pero la Divina Voluntad me dio a entender que lo pusiera en el pesebre a disposición de todos, para que quien quisiera pudiera acariciarlo, besarlo y tomarlo entre sus brazos como si fuera suyo. El era el pequeño Rey de todos, así que todos tenían el derecho de sentirse amados por él y de sentirlo suyo; y yo, para darle cumplimiento a la Voluntad Suprema, me privé de mis inocentes sonrisas y comencé a ejercer con las obras y sacrificios mi oficio de Madre de dar a Jesús a todos.

    Hija mía, la Divina Voluntad es exigente y quiere todo, incluso el sacrificio de las cosas más santas y, conforme lo exijan las circunstancias, el grande sacrificio de privarse de Jesús mismo; pero esto para extender mayormente su Reino y para multiplicar la vida de Jesús en las almas, porque cuando la criatura se priva de Jesús por amor a él, es tal y tan grande el heroísmo y el sacrificio que hace, que tiene la virtud de producir una vida de Jesús, para así poder formarle otra habitación a Jesús. Por eso, querida hija mía, está atenta y, bajo ningún pretexto, nunca le vayas a negar nada a la Divina Voluntad.

    El alma

    Madre Santa, tus lecciones me confunden, pero si quieres que las ponga en práctica no me dejes sola, para que cuando me veas sucumbir bajo el enorme peso de las privaciones divinas me estreches a tu Corazón materno y así yo sienta la fuerza necesaria para jamás negarle nada a la Divina Voluntad.

    Propósito:

    Para honrarme este día, vendrás por tres veces a visitar al niño Jesús y besándole sus pequeñas manitas le ofrecerás cinco actos de amor para honrar sus lágrimas y consolarlo.

    Jaculatoria:

    "Madre Santa, derrama las lágrimas de Jesús en mi corazón para que dispongas en mí el triunfo de la Divina Voluntad. "
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  • Vigésimo Primer Día.

    La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El nacimiento del Sol Divino. La plenitud del mediodía. El Verbo Eterno entre nosotros.

    El alma a su Reina Madre

    Dulcísima Madre mía, mi pobre corazón siente la extrema necesidad de venir a tu regazo materno para confiarte mis pequeños secretos y encomendarlos a tu Corazón materno. Escucha, oh Madre mía, viendo los grandes prodigios que obró en ti el Fiat Divino siento que no me es dado el poder imitarte por ser tan pequeña, débil y además por los tremendos combates de la vida que me abaten y que no me dejan ni el más mínimo hilo de vida.

    Oh Madre Celestial, cómo quisiera desahogar mi corazón en el tuyo, para hacerte sentir las penas que me amargan y el temor que me tortura de que pueda dejar de cumplir la Voluntad Divina.

    ¡Piedad, oh Madre mía, piedad! ¡Escóndeme en tu Corazón y yo perderé la memoria de mis males, para recordarme sólo que debo vivir de Voluntad Divina!

    Lección de la Reina del Cielo Madre de Jesús

    Queridísima hija mía, fíate de tu Madre, pon todo en mi Corazón y yo tomaré todo en cuenta, seré tu Madre, transformaré todas tus penas en luz y me serviré de ellas para ampliar los confines del Reino de la Divina Voluntad en tu alma.

    Por eso, haz a un lado todo por ahora y escúchame, quiero narrarte lo que hizo el pequeño Rey Jesús en mi seno materno y cómo a tu Madre no se le escapó ni siquiera un respiro de su pequeño Jesús.

    Hija mía, la pequeña humanidad de Jesús iba creciendo unida hipostáticamente con la Divinidad. Mi seno materno era estrechísimo y obscuro, no había ningún rayo de luz. Lo veía en mi seno materno inmóvil, envuelto dentro de una noche profunda. Pero, ¿sabes quien le formaba esta oscuridad tan intensa al niñito Jesús? Era la voluntad humana, en la que el hombre se había envuelto voluntariamente, y cuantos pecados cometía tantos abismos de tinieblas formaba en torno y dentro de sí, de manera que lo inmovilizaba y no lo dejaba hacer el bien. Y mi querido Jesús, para hacer que se disiparan las tinieblas de esta noche tan profunda en la que el hombre se había hecho prisionero de su propia tenebrosa voluntad, hasta quedar inmovilizada para hacer el bien, escogió la dulce prisión de su Madre y se ofreció voluntariamente a quedar inmóvil durante nueve meses.

    Hija mía, ¡si supieras qué martirio sufrió mi Corazón materno al ver llorar y suspirar a mi pequeño Jesús en mi seno! Su Corazón ardiente latía fuertemente y delirando de amor hacía escuchar sus latidos a cada corazón, para pedirles por piedad sus almas, para encerrarlas en la luz de su Divinidad. Porque él había cambiado voluntariamente la luz por las tinieblas, de manera que todos pudieran obtener la verdadera luz para así ponerse a salvo.

    Querida hija mía, ¿quién podría decirte lo que sufrió mi pequeño Jesús en mi seno materno? Penas inauditas e indescriptibles. El tenía el pleno uso de la razón, era Dios y Hombre, y era tanto su amor que hacía a un lado los mares infinitos de alegría, de felicidad y de luz y sumergía su pequeñita humanidad en los mares de tinieblas, de amarguras, de infelicidad y de miserias que le habían preparado las criaturas, el pequeño Jesús se echaba encima todo como si fuera suyo. Hija mía, el verdadero amor jamás dice basta, no mira las penas, sino a fuerza de penas busca a quien ama y solamente entonces se acontenta, cuando ofrece su propia vida para darle de nuevo la vida a quien ama.

    Hija mía, escucha a tu Madre, ¿te das cuenta del gran mal que es hacer tu voluntad? No solamente le preparas la noche a tu Jesús y a ti misma, sino que formas mares de amarguras, de infelicidad y de miserias, en las que quedas tan enredada que no sabes cómo salir. Por eso, está atenta, hazme feliz diciéndome: "Quiero hacer siempre la Divina Voluntad. "

    Y ahora, escucha, hija mía; el pequeño Jesús, delirante de amor está a punto de salir a la luz del día; sus ansias, sus ardientes suspiros y sus deseos de querer abrazar a la criatura, de hacerse ver y de mirarla para cautivarla, no le dan reposo; y como un día se puso a la vigía a las puertas del cielo para encerrarse en mi seno, así ahora está en acto de ponerse a la vigía a las puertas de mi seno, que es más que cielo, y el sol del Verbo Eterno surge en medio al mundo y forma en él su pleno mediodía. De manera que para las pobres criatura ya no habrá noche, ni alba, ni aurora, sino siempre sol, mucho más que en la plenitud del mediodía.

    Tu Madre sentía que ya no lo podía contener dentro de sí; mares de luz y de amor me inundaban; y así como dentro de un mar de luz lo concebí, dentro de un mar de luz salió de mi seno materno.

    Hija mía, para quien vive de Voluntad Divina todo es luz, todo es claro y todo se convierte en luz. En esta luz yo esperaba, extasiada, estrechar entre mis brazos a mi pequeño Jesús y apenas salió de mi seno yo escuché sus primeros gemidos amorosos y el Angel del Señor me lo entregó poniéndolo entre mis brazos y yo me lo estreché fuertemente a mi Corazón y le di mi primer beso y el pequeño Jesús me dio el suyo.

    Basta por ahora, te espero mañana de nuevo para seguir la narración del nacimiento de Jesús.

    El alma

    Madre Santa, ¡qué fortuna la tuya! ¡Verdaderamente tú eres bendita entre todas las mujeres! Por el gozo que sentiste cuando estrechaste a Jesús en tu seno y le diste tu primer beso, te ruego que por pocos instantes pongas entre mis brazos al pequeño Jesús, para darle la alegría de decirle que juro amarlo siempre, siempre, y que no quiero conocer más que su Voluntad.

    Propósito:

    Para honrarme este día, vendrás a besarle sus piececitos al niñito Jesús y le darás tu voluntad poniéndola entre sus manitas para hacerlo jugar y sonreír.

    Jaculatoria:

    "Madre mía, encierra en mi corazón al pequeño Jesús para que me transforme todo en Voluntad de Dios. "
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  • ENSEÑAME, SEÑOR, A GUARDAR


    Tus mandamientos,
    para que otros no me impongan sus ideas.

    Tus preceptos,
    para que nadie me cambie el sentido de las cosas.

    Tus Palabras,
    para que no me confundan otras totalmente vacías.

    Tus obras,
    para que no me seduzcan los que hablan
    y no hacen nada.

    Tus consejos,
    para que sepa distinguir el camino cierto del equivocado.

    Tu mirada,
    para que cuente hasta diez,
    antes de abandonar el sendero de la fe.

    Tu Eucaristía,
    para que sienta cómo desciende
    la fuerza del Espíritu Santo.

    Tu Ley,
    para que sepa diferenciarla de aquellas otras leyes caprichosas y falsas.

    Tu esperanza,
    para que no puedan más en mí, las dificultades que mi afán de dar a conocerte.

    Tu iglesia,
    para que cuando vuelvas,
    la encuentres guardando con respeto,
    vida y veneración la gran joya
    de tus mandamientos.

    Amén
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  • DÍA 20:

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. LA VIRGEN: CIELO CUBIERTO DE ESTRELLAS; EN ESTE CIELO EL SOL DIVINO YA RESPLANDECE CON SUS RAYOS LUMINOSÍSIMOS LLENANDO CIELOS Y TIERRA. JESÚS EN EL SENO DE SU MADRE.

    EL ALMA A SU REINA Y MADRE:

    Ya estoy de nuevo junto a ti, Madre Celestial; vengo a alegrarme contigo e inclinándome a tus santos pies te saludo llena de gracia y Madre de Jesús.

    ¡Oh, ya no te volveré a encontrar sola, de ahora en adelante junto contigo encontraré a mi pequeño prisionero Jesús! De manera que seremos tres y ya no solamente dos: tú, Madre mía, Jesús y yo. ¡Qué fortuna la mía, si quiero encontrar a mi pequeño Rey Jesús, basta que encuentre a nuestra Madre Santísima! ¡Oh Madre Santa, tú que te encuentras en las alturas cual Madre de Dios, ten piedad de esta miserable y pequeña hija tuya, y recomiéndame por primera vez al pequeño prisionero Jesús, para que me dé la gracia de vivir de su Voluntad Divina!

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO MADRE DE JESÚS:

    Querida hija mía, hoy más que nunca te espero, mi Corazón materno está ansioso, siento la necesidad de desahogar contigo mi ardiente amor, quiero decirte que soy Madre de Jesús. Mis alegrías son infinitas, mares de felicidad me inundan: ¡Yo puedo decir que soy Madre de Jesús! ¡Su criatura, su esclava y su Madre! Y todo se lo debo sólo al Fiat Divino, el cual me hizo llena de gracia y preparó en mí una digna habitación para mi Creador. Por eso, sea siempre gloria, honor y acción de gracias al Fiat Supremo.

    Y ahora escúchame, hija de mi Corazón. Apenas fue formada con la potencia del Fiat Supremo la pequeña humanidad de Jesús en mi seno, el Sol del Verbo Eterno se encarnó en ella. Yo tenía mi cielo, formado por el Fiat Divino, completamente cubierto de estrellas brillantísimas que resplandecían alegrías, bienaventuranzas, armonías de bellezas divinas; y el Sol del Verbo Eterno resplandeciente de luz inaccesible, vino a tomar su lugar dentro de este cielo, escondido en su pequeña humanidad. El centro de este Sol Divino residía en su humanidad, mas no pudiendo contener tanta luz se desbordaba inundando el cielo y la tierra, llegaba a cada corazón y con su llamada de luz invitaba insistentemente a cada criatura y con sus voces de luz penetrante, les decía:

    "¡Hijos míos, ábranme, denme un lugar en su corazón. He venido del cielo a la tierra para formar en cada uno de ustedes mi vida; mi Madre es el centro en donde resido y todos mis hijos serán la circunferencia en donde quiero formar tantas vidas mías por cuantos hijos tengo. "

    Y su misteriosa luz llamaba y llamaba insistentemente, sin cesar jamás y la pequeña humanidad de Jesús gemía, lloraba, sufría atrozmente y dentro de aquella luz que llegaba a todos los corazones hacía correr sus lágrimas, sus gemidos y sus atroces penas de amor y de dolor.

    Tú debes saber que para tu Madre comenzó una nueva vida. Yo estaba al corriente de todo lo que hacía mi Hijo; lo veía devorado por los mares de las llamas de su amor; cada uno de sus latidos, de sus respiros y penas, eran mares de amor que salían de él y en ellos envolvía a todas las criaturas para tomar posesión de ellas a fuerza de amor y de dolor. Porque tú debes saber que en cuanto fue concebida su pequeña humanidad, concibió al mismo tiempo todas las penas que debería sufrir hasta el último día de su vida y encerró dentro de sí mismo a todas las almas, porque como Dios, nadie se le podía escapar. Su inmensidad encerraba a todas las criaturas, su omnividencia hacía que las tuviera a todas presentes. Mi Jesús, mi Hijo, sentía el peso y la carga de todos los pecados de cada criatura. Y yo, tu Madre, lo seguía en todo y sentí en mi Corazón materno la nueva generación de las penas de mi Jesús y la nueva generación de todas las almas que como Madre debía engendrar junto con Jesús a la gracia, a la luz y a la nueva vida que mi querido Hijo vino a traer sobre la tierra. Hija mía, tú debes saber que desde el primer momento en que fui concebida yo te amé como Madre, te sentía en mi Corazón, ardía en mí un grande amor por ti, pero yo no entendía el por qué; el Fiat Divino me hacía comportarme como si fuera tu Madre, pero me tenía velado el secreto. Mas una vez que se encarnó en mí, me reveló el secreto y comprendí la fecundidad de mi maternidad, es decir, que no solamente debía ser Madre de Jesús, sino Madre de todos; y esta maternidad debía de ser formada sobre las llamas del dolor y del amor. ¡Hija mía, cuánto te he amado y te amo!

    Querida hija mía, mira hasta dónde se puede llegar cuando la Divina Voluntad toma posesión de la criatura con su vida operante y la voluntad humana lo deja obrar sin impedirle el paso. Este Fiat Divino, que por naturaleza posee en grado supremo la virtud de generar, genera todos los bienes en la criatura y la vuelve fecunda participándole la maternidad, transformándose así en madre de todos los bienes y de quién la creó.

    Maternidad quiere decir y significa verdadero amor, amor heroico, amor que prefiere morir para darle la vida a quién ha engendrado; si no es así la palabra maternidad queda estéril, vacía y se reduce a simples palabras, porque de hecho no existe.

    Por lo tanto, hija mía, si quieres la generación de todos los bienes, haz que el Fiat Divino tome posesión de ti con su vida operante y así te dará la maternidad, así amarás todo con amor de Madre y yo, tu Madre, te enseñaré cómo fecundar en ti esta maternidad del todo santa y divina.

    El alma

    Madre Santa, me abandono entre tus brazos. ¡Oh, cómo quisiera bañarte las manos con mis lágrimas para moverte a compasión por el estado en que se encuentra mi pobre alma! Ah, si tú me amas como Madre, enciérrame en tu Corazón y haz que tu amor queme mis miserias y mis debilidades, y que la potencia del Fiat Divino que tú posees como Reina, forme su vida operante en mí, de manera que pueda decir: "Mi Madre es toda para mí y yo soy toda para ella. "

    Propósito:

    Para honrarme este día, le agradecerás al Señor por tres veces, a nombre de todos, el haberse encarnado y hecho prisionero en mi seno, dándome el gran honor de haberme elegido como Madre suya.

    Jaculatoria:

    Madre de Jesús, quiero que seas mi Madre y que me guíes por el camino de la Voluntad de Dios.
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  • Día 19:

    La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Las puertas del cielo se abren, el sol del Verbo Eterno se pone a la vigía y envía a su Angel para anunciarle a la Virgen que la hora de Dios ha llegado.

    El alma a su Madre Celestial

    Madre Santa, aquí estoy de nuevo sobre tus rodillas maternas, soy tu hija y como hija tuya quiero que me des de comer en la boca tu dulcísima palabra, la cual me da el bálsamo para curarme las heridas de mi miserable voluntad humana. Madre mía, háblame, que tus potentes palabras penetren en mi corazón y formen una nueva creación, para formar el germen de la Divina Voluntad en mi alma.

    Lección de la Reina Soberana

    Hija mía, es precisamente ésta la finalidad por la que tanto quiero hacerte escuchar los arcanos celestiales del Fiat Divino, los portentos que puede obrar donde reina completamente y el gran mal de quien se deja dominar por su voluntad humana, para que tú ames el Fiat Divino y dejes que forme en ti su trono y aborrezcas tu voluntad humana para formar de ella el escabel de la Voluntad Divina, teniéndola siempre sacrificada a sus pies.

    Y ahora, hija mía, escúchame. Yo continuaba mi vida en Nazaret; el Fiat Divino seguía ampliando su Reino en mí; se servía de mis más pequeños actos y hasta de los más indiferentes, como mantener en orden la pequeña casita en donde vivíamos, encender el fuego, barrer y todos aquellos servicios que se hacen en las familias, para hacerme sentir su vida palpitante en el fuego, en el agua, en el alimento, en el aire que respiraba, en todo; y, revistiéndolos, formaba sobre mis pequeños actos mares de luz, de gracia y de santidad; porque donde reina la Divina Voluntad, ésta tiene la potencia para formar hasta de las pequeñeces nuevos cielos de una belleza encantadora; porque siendo inmenso no sabe hacer cosas pequeñas, sino que con su potencia le da valor a las pequeñeces y hace de ellas las cosas más grandes, tanto que llegan a sorprender cielos y tierra.

    Todo es santo, todo es sagrado para quien vive de Voluntad Divina.

    Hija de mi Corazón, préstame atención y escúchame. Días antes de la venida del Verbo Eterno sobre la tierra, yo veía el cielo abierto y al Sol del Verbo Divino a sus puertas, como para ver sobre quién habría de emprender el vuelo para hacerse prisionero celestial de una criatura. ¡Oh, qué bonito era verlo a las puertas del cielo, como un centinela, espiando a la dichosa criatura que iba a albergar a su Creador! La Sacrosanta Trinidad ya no veía la tierra como cosa extraña a ellos porque habitaba en ella la pequeña María, que poseyendo la Divina Voluntad había formado el Reino Divino en donde el Verbo Eterno podía descender y estar al seguro como en su propia morada, en la cual podía encontrar el cielo y tantísimos soles en los que se habían transformado los actos de Voluntad Divina hechos en mi alma. La Divinidad rebosó de amor y quitándose el manto de la justicia que durante tantos siglos había mostrado con las criaturas, se cubrió con el manto de la misericordia infinita y el Concistorio de la Sacrosanta Trinidad decretó la venida del Verbo Eterno sobre la tierra y está en acto de hacer sonar la hora del cumplimiento. Al escuchar este decreto los cielos y la tierra se asombran y se preparan con mucha atención, para ser espectadores de un exceso de amor tan grande y de un prodigio tan extraordinario.

    Yo me se sentía incendiada de amor y haciendo eco al amor de mi Creador quería formar un solo mar de amor, para que en él descendiera el Verbo sobre la tierra. Mis oraciones eran incesantes y mientras estaba orando en mi habitación, un Angel enviado del cielo como mensajero del gran Rey, se presentó ante mí e inclinándose me saludó:

    "¡Ave, oh María, Reina nuestra! El Fiat Divino te ha llenado de gracia. El Verbo Divino ha ya pronunciado su Fiat y quiere venir, ya está detrás de mis hombros; pero quiere tu Fiat para darle cumplimiento a su Fiat. "

    A un anuncio tan grande y tan anhelado por mí, aunque jamás había pensado que yo iba a ser la elegida, me quedé asombrada y vacilé por un instante, pero el Angel del Señor me dijo:

    "¡No temas, Reina nuestra! ¡Tú has hallado gracia ante Dios! ¡Has vencido a tu Creador! Por eso para darle cumplimiento a la victoria pronuncia tu Fiat.

    "Yo pronuncié mi Fiat y ¡oh, qué maravilla! Los dos Fiat se fundieron en uno solo y el Verbo Divino descendió en mí; mi Fiat, que tenía el mismo valor que el Fiat Divino, formó con el germen de mi humanidad, la pequeña Humanidad que iba a encerrar al Verbo Eterno cumpliéndose así el gran prodigio de la Encarnación.

    ¡Oh, potencia del Fiat Supremo! Tú me exaltaste tanto y me hiciste tan potente que pude llegar a crear en mí a aquella Humanidad que iba a encerrar al Verbo Eterno, y que cielos y tierra no podían contener.

    Los cielos se estremecieron y toda la creación se puso de fiesta y exultando de alegría cantaban alrededor de la casita de Nazaret, para rendir homenaje y honrar al Creador hecho hombre y en su mudo lenguaje decían:

    "¡Oh prodigio de prodigios que solo un Dios podía hacer! ¡La Inmensidad se ha empequeñecido, la potencia se ha hecho imponente, su alteza inalcanzable ha bajado hasta el abismo del seno de una Virgen quedando al mismo tiempo pequeño e inmenso, potente e impotente, fuerte y débil!

    "Querida hija mía, tú no puedes imaginarte lo que sintió tu Madre en el acto de la Encarnación del Verbo. Todos me apresuraban y esperaban mi Fiat, podría decir omnipotente.

    Querida hija mía, escúchame. La única cosa que te debe interesar de todo corazón es hacer y vivir de Voluntad Divina. Mi potencia todavía existe: déjame pronunciar mi Fiat sobre tu alma; mas para poder hacerlo quiero el tuyo; un verdadero bien no lo puede hacer uno solo, porque las obras más grandes se hacen siempre entre dos. Dios mismo no quiso obrar solo, quiso que yo obrara junto con él para realizar el gran prodigio de la Encarnación; y tanto en mi Fiat como en el suyo se formó la vida del Hombre-Dios y se ajustaron las suertes del género humano. El cielo no siguió estando cerrado y todos los bienes fueron encerrados entre dos Fiat. Por eso, pronunciemos juntos, ¡Fiat! ¡Fiat! y mi amor materno encerrará en ti la vida de la Divina Voluntad.

    Por ahora basta, mañana te espero de nuevo, hija mía, para narrarte lo que pasó después de la Encarnación.

    El alma

    Bellísima Madre mía, estoy sumamente sorprendida escuchando tus bellísimas lecciones. ¡Ah, te ruego que pronuncies tu Fiat sobre mí! Yo también pronuncio el mío, para que en mí quede concebido ese Fiat Divino que tú tanto anhelas que su vida reine en mí.

    Propósito:

    Hoy, para honrarme, vendrás a darle tu primer beso a Jesús y le dirás nueve veces que quieres hacer su Voluntad, y yo repetiré el prodigio de concebir a Jesús en tu alma.

    Jaculatoria:

    "Reina potente, pronuncia tu Fiat y crea en mí la Voluntad de Dios. "
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  • DÍA 18:

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD EN LA CASA DE NAZARET, EL CIELO Y LA TIERRA ESTÁN POR DARSE EL BESO DE LA PAZ.

    EL ALMA A SU REINA Y MADRE:

    Soberana Madre mía, aquí estoy de regreso para seguir tus pasos. Tu amor me ata y cual potente imán me tiene fija y sumamente atenta a escuchar tus bellísimas lecciones; pero esto no me basta; si me amas como hija, enciérrame dentro del Reino de la Divina Voluntad, donde viviste y vives, cierra la puerta, de manera que aunque llegue a quererlo nunca más pueda volver a salir de él. De este modo tanto tú como yo viviremos en común y las dos seremos felices.

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

    Querida hija mía, ¡si tú supieras cuánto anhelo tenerte encerrada en el Reino de la Divina Voluntad! Cada una de las lecciones que te doy es un cancel que formo para impedirte la salida, es una fortaleza para amurallar tu voluntad, para que así puedas comprender y quieras mantenerte bajo el dulce dominio del Fiat Supremo. Por eso, está atenta y escúchame, porque estas lecciones no son otra cosa que los trabajos que hace tu Madre para seducir y cautivar tu voluntad y hacer que la Divina Voluntad triunfe en ti.

    Y ahora, mi querida hija, escúchame; yo partí del templo con el mismo entusiasmo con el que entré y sólo para darle cumplimiento a la Divina Voluntad. Regresando a Nazaret yo ya no habría encontrado a mis queridos y santos padres, sólo San José me acompañaba; Yo lo veía como un Angel que Dios me había dado para custodiarme, aunque eran legiones de Angeles las que me acompañaban. Durante el viaje todas las cosas creadas se inclinaban con reverencia ante mí para honrarme y yo, agradeciéndoles, le di a cada una mi beso y mi saludo de Reina; y así llegamos a Nazaret.

    Tu debes saber que San José y yo nos mirábamos con recato y sentíamos nuestro corazón en ansia, porque el uno quería hacerle saber al otro que estábamos atados a Dios con voto de virginidad perenne, hasta que finalmente se rompió el silencio y ambos manifestamos nuestro voto. ¡Oh, qué felicidad sentimos! Dándole gracias a Dios prometimos vivir juntos como hermanos. Yo lo atendía con esmero; nos mirábamos con veneración, y la aurora de la paz reinaba en medio de nosotros. ¡Oh, si todos se miraran en mí como en un espejo y me imitaran! Yo me adaptaba muy bien a la vida común y corriente y no dejaba que se vislumbraran en nada los grandes mares de gracia que yo poseía en mí.

    Escucha, hija mía; en la casa de Nazaret yo me sentía más que nunca enardecida y rogaba que el Verbo Divino viniera sobre la tierra. La Divina Voluntad que reinaba en mí, no hacía más que revestir todos mis actos de luz, de belleza, de santidad, de potencia; yo sentía que formaba en mí el reino de la luz, pero de la luz que surge siempre, el reino de la belleza, de la santidad y de la potencia que siempre crece. De manera que todas las cualidades divinas que el Fiat Divino iba extendiendo en mí con su Reino me daban la fecundidad. La luz que me invadía era tanta, que mi misma humanidad quedaba talmente embellecida y revestida de este sol de la Divina Voluntad, que no hacía más que estar dando flores celestiales. Yo sentía que el cielo bajaba hasta mí y que la tierra de mi humanidad subía, y el cielo y la tierra se abrazaban, se pacificaban y se daban el beso de la paz y del amor. La tierra se disponía a producir el germen para formar al Justo, al Santo; y el cielo se abría para hacer descender al Verbo en este germen. Yo no hacía más que ir y venir de la tierra a mi patria celestial para arrojarme entre los brazos paternos de mi Padre Celestial; y le decía de corazón:

    " Padre Santo, no puedo más, me siento incendiada, y mientras ardo, siento una fuerza potente en mí que quiere vencerte; con las cadenas de mi amor quiero atarte para desarmarte, para que no tardes más: sobre las alas de mi amor quiero transportar al Verbo Divino del cielo a la tierra. "

    Y le suplicaba llorando que escuchara mi oración.

    La Divinidad, vencida por mis lágrimas y oraciones me consoló diciéndome:

    "Hija mía, ¿quién puede ponerte resistencia? Has vencido, la hora de Dios está cerca. Mientras tanto regresa a la tierra y sigue haciendo tus actos en la potencia de mi Voluntad Divina; por medio de ellos todos quedarán conmovidos y el cielo y la tierra se darán el beso de la paz. "

    Pero a pesar de todo todavía no sabía que yo iba a ser la Madre del Verbo Eterno.

    Hija querida, escúchame y comprenderás lo que significa vivir de Voluntad Divina. Yo, viviendo de la Divina Voluntad, formé el cielo y su Reino Divino en mi alma; y si yo no hubiera formado en mí este Reino, el Verbo Eterno jamás habría podido descender del cielo a la tierra; si lo hizo, fue porque en mí encontró su Reino que la Divina Voluntad había formado en mí, encontró su cielo, sus alegrías divinas; jamás el Verbo habría descendido en un reino extraño. ¡Ah, no! Quiso primero formar su Reino en mí y así descender como vencedor en su Reino; y no solamente esto, sino que viviendo siempre de Voluntad Divina yo adquirí por gracia lo que Dios es por naturaleza, es decir, la fecundidad divina, para poder formar, sin la obra del hombre, el germen por medio del cual poder hacer germinar en mí la humanidad del Verbo Eterno. ¿Qué es lo que no puede hacer la Divina Voluntad cuando obra en una criatura? Todo puede y todos los bienes posibles e imaginables.

    Por eso, si quieres imitar a tu Madre y hacerla feliz, la única cosa que te debe interesar es que todo en ti sea Voluntad Divina.

    EL ALMA:

    Madre Santa, si tú lo quieres, puedes; como tuviste poder para vencer a Dios hasta hacerlo descender del cielo a la tierra, no te faltará poder para vencer mi voluntad, para que ya no pueda volver a tener vida; en ti pongo toda mi esperanza, de ti obtendré todo.

    PEQUEÑO SACRIFICIO:

    Hoy, para honrarme, vendrás a visitarme a la casa de Nazaret y me darás todos tus actos como un homenaje tuyo para que los una a los míos y los convierta en Voluntad Divina.

    JACULATORIA:
    Emperatriz Celestial, besa mi alma con el beso de la Voluntad de Dios.
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  • Día 17:

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD SALE DEL TEMPLO. DESPOSORIOS CON SAN JOSÉ. ESPEJO DIVINO EN EL QUE LLAMA A QUE SE MIREN TODOS LOS QUE SON LLAMADOS AL ESTADO CONYUGAL.

    EL ALMA A SU MADRE CELESTIAL:

    Madre Santa, hoy más que nunca siento la necesidad de estrecharme entre tus brazos, para que la Divina Voluntad que reina en ti le forme un dulce encanto a mi voluntad de manera que la mantenga sin vida y no se atreva a hacer cosa alguna que no sea Voluntad de Dios; tus lecciones de ayer me han hecho comprender la cadena perpetua a la que la pobre criatura es condenada por su voluntad humana y temo grandemente que vuelva a renacer en mí. Por eso me encomiendo a ti, para que me vigiles constantemente y yo pueda estar segura de vivir siempre en la Voluntad de Dios.

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

    Animo, hija mía, ánimo. Ten confianza en tu Madre y haz un firme propósito de jamás volver a darle vida a tu voluntad. Oh, cómo quisiera escucharte decir: "Madre mía, mi voluntad se acabó, todo el dominio lo tiene en mí el Fiat Divino."

    Estas son las armas que hacen morir a la voluntad humana, que vencen mi Corazón materno y que me hacen usar todas mis artes amorosas de Madre para que tú, hija mía, vivas en mi Reino; será para ti una dulce muerte que te dará la verdadera vida y para mí la más bella de las victorias que obtendré en el Reino de la Divina Voluntad. Por eso, ánimo, hija mía, ten confianza en mí. La desconfianza es de viles y de quienes no están verdaderamente decididos a obtener victoria, por eso, éstos están siempre sin armas y sin armas no se puede vencer y se es siempre inconstante y vacilante en el bien.

    Y ahora escúchame, hija mía; yo continuaba mi vida en el templo y también seguía dándome mis escapadas a mi patria celestial. Yo, como hija suya, tenía pleno derecho de ir a visitar a mi familia divina, la cual me pertenecía más que mi mismo padre. Pero, ¿cuál no fue mi sorpresa cuando en una de mis visitas, me hicieron saber que era su Voluntad que yo saliera del templo, uniéndome primero con vínculo matrimonial, conforme a la costumbre externa de aquellos tiempos, con un santo hombre llamado José, retirándome después junto con él a la casa de Nazaret?

    Hija mía, en este paso de mi vida, aparentemente parecía que Dios quería ponerme a la prueba. Yo jamás había amado a nadie en este mundo y como la Voluntad Divina había tomado plena posesión de todo mi ser, mi voluntad humana no tuvo nunca un acto de vida, por lo que en mí no existía el germen del amor humano, ¿cómo podía entonces amar a un hombre humanamente, por más que fuera un gran santo? Es cierto que yo amaba a todos y que mi amor de Madre me los había escrito a uno por uno en mi Corazón materno con caracteres de fuego imborrables, pero todo era en el orden divino del amor; porque el amor humano comparado con el amor divino, se puede decir que es una sombra, un matiz, un átomo de amor.

    Sin embargo, querida hija mía, Dios se sirvió admirablemente de lo que aparentemente parecía una prueba y como algo extraño a la santidad de mi vida para cumplir sus designios y concederme la gracia que yo tanto suspiraba, es decir, que el Verbo Divino descendiera sobre la tierra. Dios me daba el salvoconducto, la defensa, la ayuda, para que ninguno pudiera hablar mal de mí y poner en duda mi honor: San José habría de ser el colaborador, el tutor, el que debía ocuparse de aquel poco de humano que fuera necesario, la sombra de la paternidad celestial, bajo la cual debía ser formada nuestra familia celestial sobre la tierra.

    Así pues, a pesar de mi sorpresa, dije de inmediato "Fiat! ", sabiendo que la Divina Voluntad no me habría hecho algún mal, ni habría permitido que mi santidad fuera perjudicada. ¡Si yo hubiera querido hacer un solo acto de mi voluntad humana, aunque fuera con el pretexto de no querer conocer hombre, habría arruinado los planes de la venida del Verbo Eterno sobre la tierra!

    Así que no es la diferencia de estado lo que perjudica a la santidad, sino el que la Divina Voluntad falte y que no se cumpla con los deberes del propio estado al que Dios a llamado a cada criatura. Todos los estados son santos, también el matrimonio, con tal de que en él esté la Divina Voluntad y el sacrificio exacto de los propios deberes; pero la mayor parte de los hombres son indolentes y perezosos, y no solamente no se hacen santos, sino que cada quien forma de su propio estado algunos un purgatorio y otros un infierno.

    Cuando supe que debía salir del templo, no se lo hice saber a nadie, esperando que Dios mismo moviera las circunstancias externas para hacerme cumplir su admirable Voluntad, como de hecho sucedió. Los superiores del templo me llamaron y me dijeron que era su voluntad, como también costumbre de aquellos tiempos, que me preparara al matrimonio y yo acepté. Milagrosamente la elección, entre tantos, cayó sobre San José y así se celebraron las nupcias y salí del templo.

    Por eso, hija de mi Corazón, te ruego que sobre todas las cosas sólo a la Divina Voluntad le des importancia, si quieres que los designios de Dios se cumplan sobre ti.

    El alma

    Reina Celestial, a ti se confía tu hija; quiero, con mi confianza, herir tu Corazón y tu pequeña hija te suplica que esta herida repita sin cesar en tu Corazón materno: "Fiat! Fiat! Fiat! "

    Propósito:

    Para honrarme este día, vendrás sobre mis rodillas maternas y recitarás 15 veces el " Gloria al Padre ", para darle gracias por todas las gracias que me concedió durante los primeros 15 años de mi vida y especialmente por haberme dado por compañía a un hombre tan santo como lo fue San José.

    Jaculatoria:

    "Reina potente, dame las armas para poder presentar batalla y dejarme vencer por la Divina Voluntad. "
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  • DÍA 16:

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD CONTINUA SU VIDA EN EL TEMPLO Y FORMA EL NUEVO DÍA QUE HARÁ SALIR SOBRE LA TIERRA EL RESPLANDECIENTE SOL DEL VERBO ETERNO.

    EL ALMA A SU MADRE CELESTIAL:

    Dulcísima Madre mía, siento que me has robado el corazón y corro hacia ti, que tienes encerrado mi corazón en el tuyo como prenda de mi amor y que al puesto de mi corazón quieres poner a la Divina Voluntad como prenda de tu amor de Madre. Por eso, me abandono entre tus brazos para que cual hija tuya me prepares, me des tus lecciones y hagas de mí lo que quieras. ¡Te lo ruego, no me vayas a dejar nunca sola, tenme siempre junto contigo!

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

    Querida hija mía, cómo suspiro tenerte siempre junto conmigo. ¡Quisiera ser el latido de tu corazón, tu respiro, las obras de tus manos, el paso de tus pies, para hacerte sentir, por medio de mí, cómo obraba la Divina Voluntad en mí! ¡Quisiera depositar en ti su vida! ¡Oh, qué dulce es, qué amable, encantadora y cautivante! ¡Oh, cómo me harías doblemente feliz si te tuviera a ti, hija mía, bajo el dominio total del Fiat Divino, que fue quien formó toda mi fortuna, mi felicidad y mi gloria!

    Y ahora, préstame atención y escucha a tu Madre que quiere dividir su fortuna contigo. Yo continuaba mi vida en el templo, pero el cielo no estaba cerrado para mí, yo podía ir cuantas veces quería, tenía el paso libre para ir y venir cuando quería. En el cielo estaba mi Familia Divina y yo suspiraba y anhelaba ardientemente entretenerme con ella. La Divinidad misma me esperaba con tanto amor para conversar conmigo, para complacerse y hacerme más feliz, más bella y más agradable a ellos. Por lo demás, no me habían creado para tenerme lejos de sí, querían gozarse a su hija, querían ver cómo mis palabras animadas por el Fiat Divino tenían la potencia de poner la paz entre Dios y las criaturas; gozaban verse vencidos por su pequeña hija y oir como les repetía una y otra vez: "¡Venga, venga el Verbo Divino sobre la tierra! "

    Puedo decir que la Divinidad misma me llamaba y yo corría, volaba para estar con ellos; no habiendo hecho nunca mi voluntad humana, mi presencia les daba la correspondencia de amor y gloria por la gran obra de toda la creación, por eso me confiaron el secreto de la historia del género humano, y yo pedía con insistencia que se estableciera la paz entre Dios y el hombre.

    Hija mía, tú debes saber que fue la voluntad humana la que cerró el cielo y por eso no le era posible entrar en aquellas regiones celestiales, ni tener una relación familiar con su Creador; es más, la voluntad humana había alejado a la criatura de su Creador. En cuanto el hombre se apartó de la Voluntad Divina se volvió miedoso, tímido, perdió el dominio sobre sí mismo y sobre toda la creación; todos los elementos, estando bajo el dominio del Fiat Divino, quedaron superiores a él y hasta le podían hacer mal; el hombre tenía miedo de todo. ¿Te parece poco, hija mía, que quien había sido creado rey, dominador de todo, llegara a tener miedo de quien lo creó? Es muy extraño, hija mía, y yo diría casi contra natura que un hijo tenga miedo de su padre, mientras es natural que cuando se engendra, se engendra al mismo tiempo amor y confianza entre padre e hijo, y bien se puede decir que ésta es la primera herencia que le toca al hijo y el primer derecho que le toca al padre. De manera que Adán, haciendo su voluntad perdió la herencia de su Padre, perdió su Reino y se hizo el hazmerreír de todas las cosas creadas.

    Hija mía, escucha a tu Madre y considera bien el gran mal que causa la voluntad humana; ella le quita los ojos al alma y la deja ciega, de manera que todo es tinieblas y temor para la pobre criatura que se deja dominar por su voluntad humana. Por eso, pon la mano en tu corazón y júrale a tu Madre que preferirás morir antes que hacer tu voluntad. Yo, no habiendo jamás hecho mi voluntad, no tenía temor alguno cuando estaba con mi Creador, ¿cómo podía tener algún temor si me amaba tanto? Su Reino se iba extendiendo tanto en mí, que con mis actos iba formando el pleno día que haría surgir el nuevo sol del Verbo Eterno sobre la tierra; y yo, viendo que se iba formando el día aumentaba mis súplicas para obtener que viniera el suspirado día de la paz entre el cielo y la tierra. Así pues, te espero mañana para narrarte otra sorpresa de mi vida sobre la tierra.

    EL ALMA:

    Soberana Madre mía, ¡qué dulces son tus lecciones! ¡Oh, cómo me hacen comprender el gran mal que puede causar mi voluntad humana! ¡Cuántas veces también yo me he sentido llena de temor y timidez y como alejada de mi Creador! ¡Ah, era mi voluntad humana que reinaba en mí y no la Divina! Por eso yo sentía sus tristes efectos. Así que, si tú me amas como hija tuya, toma mi corazón entre tus manos y quítame todo temor y timidez, los cuales me impiden volar hacia mi Creador y en su lugar pon ese Fiat Divino que tú tanto amas y que tanto quieres que reine en mi alma.

    PROPÓSITO:

    Para honrarme este día, pondrás en mis manos todas las molestias que sientas, los temores, la desconfianza, para que te lo convierta todo en Voluntad de Dios; y me dirás tres veces: "Madre mía, confianza mía, haz que reine en mi alma la Voluntad Divina. "

    JACULATORIA:

    "Madre mía, confianza mía, forma el día de la Divina Voluntad en el alma mía. "
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  • El valor de la Santa Misa diaria.
    Había un rey, San Luis IX, Rey de Francia, que tenía todo tipo de líos: guerras con países enemigos, problemas de revueltas internas, intrigas de los nobles y problemas familiares. Aun así se las arreglaba para asistir a la Santa Misa a diario; uno de sus generales, asombrado, le recriminó: "Con todos los líos y angustias que tiene su Majestad, no sé cómo todavía encuentra tiempo para ir a la Santa Misa".

    Y el Rey -San Luis- le contestó: "Es gracias a la Santa Misa por lo que puedo enfrentarme a mis problemas".
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  • MARÍA MAGDALENA: APÓSTOL DE LA ESPERANZA. 00:00
    MARÍA MAGDALENA: APÓSTOL DE LA ESPERANZA. Catequesis del Papa: Miércoles, 17/05/17.
     
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  • Todas las prerrogativas sublimes con las que la Iglesia honra a la Virgen María no son más que los efectos de esa Divina Voluntad que la dominaba, reinaba y vivía en Ella.
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  • [15/5 5:14 PM] ‪+34 648 28 32 36‬:
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  • Día 15:

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. SU VIDA EN EL TEMPLO.

    EL ALMA A LA REINA DEL CIELO:

    Reina y Madre mía, aquí está tu hija a tu lado, para seguir tus pasos cuando entres al templo. ¡Oh, cómo quisiera que tomaras mi pequeña alma, que la encerraras en el templo vivo de la Voluntad de Dios y me aislaras de todos, menos de mi Jesús y de tu dulce compañía!

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

    Queridísima hija mía, que susurro tan dulce es para mí oirte decir que quieres que te encierre en el templo vivo de la Voluntad de Dios y que no quieres otra compañía que la de Jesús y la mía. ¡Ah! Querida hija mía, tu haces que surja en mi Corazón materno el gozo de ser verdadera Madre y si verdaderamente me ser tu Madre, yo estoy segura de que serás feliz y mi gozo será también tuyo, pues tener una hija feliz es la gloria y la felicidad más grande de un corazón materno.

    Escúchame, hija mía; yo llegué al templo solo para vivir de Voluntad Divina. Mis santos padres me pusieron en manos de los superiores del templo, consagrándome a Dios; yo estaba vestida de fiesta y se cantaron himnos y profecías que se referían al futuro Mesías. ¡Oh, qué alegría sentía en mi Corazón! Después, con ánimo y decisión, me despedí de mis queridos y santos padres, les besé la mano, les di las gracias por todos los cuidados que tuvieron conmigo durante mi infancia y por haberme consagrado a Dios con tanto amor y sacrificio. Mi comportamiento pacífico, el no haber llorado y mi valentía, les infundió tanto valor y ánimo, que tuvieron la fuerza para poder partir y separarse de mí. La Voluntad Divina imperaba sobre mí y extendía su Reino en todos mis actos. ¡Oh potencia del Fiat Divino! Tú sólo podías darme tal heroísmo, que siendo todavía tan pequeña tuve la fuerza de desprenderme de quienes tanto me amaban, aunque viera que al separarse de mí se les destrozaba el corazón.

    Y ahora, hija mía, escúchame: yo me encerré en el templo y esto lo quiso el Señor, para hacer que yo extendiera los actos que debía hacer en él, en el Reino de la Divina Voluntad, para hacer que preparara con mis actos humanos el terreno y el cielo de la Divina Voluntad que debía formarse sobre este terreno para todas las almas consagradas a Dios.

    Yo estaba atentísima a todos los deberes que se acostumbraban hacer en ese santo lugar; era pacífica con todos, jamás le causé amargura o molestia alguna a nadie, me sometía a los servicios más humildes y no encontraba dificultad en nada, ni siquiera en el barrer o lavar los platos; cualquier sacrificio era para mí un honor, un triunfo. Pero, ¿quieres saber por qué? Porque yo no miraba nada, para mí todo era Voluntad de Dios. De manera que la campana que a mí me llamaba era el Fiat Divino; yo escuchaba el sonido misterioso de la Voluntad Divina que me llamaba en el sonido de la campana y mi Corazón se alegraba y corría para ir a donde el Fiat Divino me llamaba. Mi regla era la Divina Voluntad y yo veía que esta Santísima Voluntad Divina me mandaba por medio de mis superiores. Así que para mí, la campana, la regla, los superiores, mis acciones, incluso las más humildes, eran todas nuevas alegrías y fiestas que me preparaba el Fiat Divino, el cual, extendiéndose también fuera de mí, me llamaba a extender su Voluntad, para formar su Reino hasta en el más pequeño de mis actos. Yo hacía como hace el mar que esconde todo lo que posee y no deja ver más que agua, así también yo escondía todo en el mar inmenso del Fiat Divino y por eso todas las cosas me llenaban de alegría y me ponían de fiesta.

    Hija mía, en mis actos corrías tú y todas las almas. Yo no sabía hacer nada sin ti; era para todos mis hijos que yo preparaba el Reino de la Divina Voluntad. ¡Oh, si todas las almas consagradas a Dios en los lugares santos hicieran desaparecer todo en la Divina Voluntad, cómo serían felices y cómo convertirían las comunidades en familias celestiales, poblando la tierra de tantísimas almas santas!. Pero, ¡ay de mí! Con todo el dolor de mi Corazón de Madre debo decirlo: ¡Cuántas amarguras, cuántas molestias y discordias! Mientras que la santidad no está en el oficio que les toca, sino en el cumplir la Voluntad de Dios en cualquier oficio que les sea asignado; es en la Divina Voluntad en donde las almas hallarán la paz, la fuerza y el sostén en los sacrificio más duros.

    EL ALMA:

    ¡Oh Madre Santa, qué bellas son tus lecciones! ¡Con qué dulzura penetran en mi corazón! Ah, te suplico que extiendas en mí el mar del Fiat Divino; sumérgeme en él, y haz que yo no vea ni conozca otra cosa que no sea la Divina Voluntad, de manera que navegando siempre en ella, pueda conocer sus secretos, sus alegrías y su felicidad.

    PROPÓSITO:

    Hoy, para honrarme, me ofrecerás doce actos de amor para honrar los doce años que viví en el templo; y me pedirás que te una a mis actos.

    JACULATORIA:"Madre y Reina mía, enciérrame en el templo sagrado de la Voluntad de Dios. "
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  • DÍA 14: LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD LLEGA AL TEMPLO. MODELO DE LAS ALMAS CONSAGRADAS A DIOS.EL ALMA A LA

    REINA CELESTIAL MODELO DE LAS ALMAS:
    Madre mía, tu pobre hija siente la necesidad irresistible de estar contigo, de seguir tus pasos, de ver cómo te comportas, para imitar tus acciones y tenerlas como modelo y guía de mi vida. Sí, siento que tengo una grande necesidad de ser guiada, porque por mí misma no sé hacer nada, pero junto contigo que tanto me amas, sabré hacer todo y sabré también hacer la Voluntad de Dios.

    LECCIÓN DE LA REINA CELESTIAL MODELO DE LAS ALMAS:

    Querida hija mía, es mi ardiente deseo hacer que seas espectadora de mi modo de comportarme, para que te enamores de tu Madre y me imites, por eso, pon tus manos entre las mías y yo me sentiré feliz teniendo junto a mí a mi hija. Así que, préstame más atención y escúchame.

    Yo dejé la casa de Nazaret acompañada por mis santos padres. Al dejarla quise darle una mirada por última vez a la casita en la que nací, para darle gracias a mi Creador por haberme dado un lugar en donde nacer y la dejé en la Divina Voluntad, para que mi infancia y tantos amados recuerdos; pues teniendo el pleno uso de la razón podía comprenderlo todo; fueran todos custodiados en la Divina Voluntad y los deposité en ella como prendas de mi amor por quien me creó.

    Hija mía, el darle gracias a Dios y poner nuestros actos en sus manos como prendas de nuestro amor por él, abre nuevos canales de gracias y comunicaciones entre Dios y el alma y además es el homenaje más bello que se le puede ofrecer a quien tanto nos ama. Por eso, aprende de mí a darle siempre gracias a Dios por todo lo que hace contigo y siempre en todo lo que vayas a hacer que de tus labios se oigan estas palabras: "¡Gracias, oh Señor; pongo todo en tus manos! "

    Yo dejé todo en el Fiat Divino y puesto que reinaba en mí, jamás me dejó sola ni por un instante de mi vida; yo lo llevaba triunfante en mi pequeña alma.

    ¡Oh, qué prodigios sabe hacer la Divina Voluntad! Con su virtud conservadora mantenía el orden de todos mis actos, pequeños y grandes, y como en acto dentro de mí, como triunfo suyo y mío; de manera que yo nunca perdí la memoria de uno solo de mis actos; y esto me daba tanta gloria y honor, que me hacía sentir verdaderamente Reina, porque todos y cada uno de mis actos hechos en la Divina Voluntad eran más que un sol y yo estaba toda cubierta de luz, de felicidad y de alegría; la Divina Voluntad me traía su paraíso.

    Hija mía, el vivir de Voluntad Divina debería ser el deseo, el suspiro y casi la pasión de todos, tanta es la belleza que se adquiere y el bien que se siente. Todo lo contrario la voluntad humana; ésta le infunde amargura a la pobre criatura, la oprime, le forma la noche, hace que camine con dificultad y que vaya siempre cojeando en el bien y muchas veces esta criatura llega hasta perder la memoria del poco bien que ha hecho.

    Hija mía, yo partí de la casa paterna con valor y desapego, porque mi mirada estaba puesta sólo en la Divina Voluntad, en la cual mi corazón estaba fijo, y esto me bastó siempre en todo.

    En el camino hacia el templo contemplé toda la creación, y ¡oh, qué maravilla!, sentí el latido de la Divina Voluntad en el sol, en el viento, en las estrellas, en el cielo y hasta debajo de mis pasos sentí como latía; el Fiat Divino que reinaba en mí, le ordenó a toda la creación, que como un velo lo escondía en todo, que se inclinara reverente y me honrara como Reina suya, y todos se inclinaron dándome muestras de sumisión; ni siquiera la más pequeña florecilla del campo se quedó sin ofrecerme su pequeño homenaje. Mi presencia hacía que todos se pusieran de fiesta y cuando por necesidad salía fuera de la población parecía que toda la creación se disponía a darme muestras de su amor, por lo que me veía obligada a ordenarles que se quedaran en su lugar y que siguieran el orden de nuestro Creador.

    Y ahora, escucha a tu Madre y dime: ¿sientes en tu corazón la alegría, la paz, el desapego de todo y de todos, el valor para poder hacer cualquier cosa con tal de darle cumplimiento a la Divina Voluntad de tal manera que todo esto te haga sentir una fiesta constante en ti? Hija mía, la paz, el desapego y el valor, forman en el alma el vacío en donde la Divina Voluntad puede tomar su lugar, pues siendo intangible de toda pena, trae consigo la fiesta perenne a la criatura. Por eso, ánimo, valor y entusiasmo, hija mía, dime que quieres vivir de Voluntad Divina y yo me ocuparé de todo.

    Te espero mañana para nararte el modo en que me comporté en el templo.

    El alma

    Madre mía, tus lecciones me extasían y penetran dulcemente en mi corazón. Tú que tanto me amas y suspiras que tu hija viva de Voluntad Divina, con tu imperio divino vacíame de todo, infunde en mí el valor que necesito para darle muerte a mi voluntad; y yo, confiando en ti, te diré: "¡Quiero vivir de Voluntad Divina! "

    PROPÓSITO:

    Hoy, para honrarme, me darás todos tus actos como prenda de tu amor hacia mí y diciéndome cada vez: "¡Te amo, Madre mía! " yo los depositaré en la Divina Voluntad.

    JACULATORIA:

    Madre Celestial, vacíame de todo para poder esconderme en la Voluntad de Dios.
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  • DÍA 13: LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD SALE DE LA CASA PATERNA Y SE VA A VIVIR AL TEMPLO, DANDO EJEMPLO DE TRIUNFO TOTAL EN EL SACRIFICIO.

    EL ALMA A LA REINA VICTORIOSA:

    Madre Celestial, hoy vengo a postrarme ante ti para pedirte que en todas mis penas me des tu fuerza invencible, pues tú bien sabes cómo mi corazón está tan lleno de penas, que me siento ahogado en ellas. ¡Ah! Tú que con tanto amor quieres ser mi Madre, toma mi corazón entre tus manos y derrama en él amor, gracia y fuerza para triunfar sobre todas mis penas y convertirlas todas en Voluntad de Dios.

    Lección de la Reina victoriosa

    Hija mía, ánimo, no temas, soy toda tuya; hoy te estaba esperando para que mi heroísmo y mi triunfo en el sacrificio te infundan fuerza y valor, a fin de que pueda verte triunfar en tus penas y con el heroísmo de soportarlas todas con amor y sólo para cumplir la Divina Voluntad.

    Ahora, hija mía, escúchame: yo tenía apenas tres años cumplidos cuando mis padres me hicieron saber que querían consagrarme a Dios en el templo.

    Mi corazón se llenó de gozo al saber que me iba a consagrar al Señor y que iba a vivir en la casa de Dios; pero en medio de tanta alegría había algo que me dolía y era el tener que privarme de una de las cosas más amadas que se pueden tener sobre la tierra, es decir, de mis queridos padres. Yo estaba todavía muy pequeñita y tenía necesidad de sus cuidados maternos; me privaba de la presencia de dos grandes Santos. Además, yo veía que conforme se iba acercando el día en que se iban a privar de mí, que llenaba su vida de alegría y felicidad, ellos se sentían morir por la amargura, pero, aunque sufrían, estaban dispuestos a realizar el acto heroico de consagrarme a Dios.

    Mis padres me amaban en orden a Dios y yo era para ellos un gran don que el Señor les había dado, y esto les dio la fuerza necesaria para poder cumplir el doloroso sacrificio. Por eso, hija mía, si quieres tener fuerza invencible para poder sufrir las penas más duras, haz que todas tus cosas sean en orden a Dios y consideralas como dones preciosos que el Señor te ha dado.

    Tú debes saber que yo preparaba con entusiasmo, ánimo y valentía mi ida al templo, porque en cuanto le entregué mi voluntad a Dios y el Fiat Supremo tomó posesión de mí, adquirí todas las virtudes por naturaleza; yo tenía pleno dominio sobre mí misma, todas las virtudes estaban en mí como nobles princesas y conforme a las circunstancias de mi vida, se exhibían prontamente cumpliendo su oficio sin resistencia alguna. En vano me habrían llamado Reina si no hubiera tenido la virtud de reinar sobre mí misma. Yo tenía en mi dominio la caridad perfecta, la paciencia invicta, la dulzura más encantadora, la humildad más profunda y toda la comitiva de las demás virtudes. La Divina Voluntad hizo que la tierra de mi dichosa humanidad estuviera siempre dando flores, sin las espinas de los vicios.

    ¿Te das cuenta, querida hija mía, de que es lo que significa vivir de Voluntad Divina? Su luz, su santidad y su potencia convierten en naturaleza propia todas las virtudes, ella no se rebaja a reinar en un alma de naturaleza rebelde. ¡No, no! La Divina Voluntad es santidad y quiere que la naturaleza humana esté ordenada y sea santa para poder reinar en ella.

    Así que, con el sacrificio de ir al templo yo obtenía una nueva conquista; y sobre cada sacrificio se iba formando en mí el triunfo de la Divina Voluntad; y cada uno de estos triunfos me proporcionaba nuevos mares de gracia, de santidad y de luz, los cuales hacían que me sintiera feliz en mis penas, para así poder conquistar nuevos triunfos.

    Y ahora, hija mía, pon la mano sobre tu corazón y dile a tu Madre si sientes que tu naturaleza ya se ha convertido en virtud o si todavía sientes las espinas de la impaciencia, las malas hierbas de las agitaciones, los malos humores de los afectos que no son santos. Escúchame, deja que tu Madre haga todo, entrégame tu voluntad en mis manos, decidida a no quererla más y yo haré que la Divina Voluntad tome posesión de ti, y así ella arrojará de ti todo, de manera que lo que no habrías podido hacer en años lo harás en un solo día, el cual será para ti el principio de la verdadera vida, de la felicidad y de la verdadera santidad.

    El alma

    Madre Santa, ayúdame, visita mi alma y todo lo que veas que no sea Voluntad de Dios arráncalo de mí con tus propias manos, quema las espinas y las hierbas nocivas; tú misma llama a la Divina Voluntad para que venga a reinar en mi alma.

    Propósito:

    Hoy, para honrarme, me llamarás tres veces para que venga a visitar tu alma y me darás la libertad de hacer contigo lo que yo quiera.

    Jaculatoria:

    Reina Soberana, toma mi alma entre tus manos y transfórmala toda en Voluntad de Dios.
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  • DÍA 12:

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD SALE DE SU CUNA, DA SUS PRIMEROS PASOS Y CON SUS ACTOS INFANTILES LLAMA A DIOS A QUE VENGA SOBRE LA TIERRA Y LLAMA A TODAS LAS CRIATURAS A QUE VIVAN EN LA DIVINA VOLUNTAD.

    EL ALMA A LA PEQUEÑA REINA CELESTIAL:

    Una vez más estoy aquí junto a ti, mi querida niña, en la casa de Nazaret; quiero ser espectador de tu infancia, quiero darte la mano mientras das tus primeros pasos y hablas con tu madre Santa Ana y con tu padre San Joaquín. Veo que siendo aún pequeñita, apenas dejaste de ser niña de pecho y ya empezabas a caminar, le ayudabas a Santa Ana en los pequeños quehaceres. Madrecita mía, ¡cuánto te quiero y qué especial eres para mí! Dame tus lecciones para que te siga durante tu infancia y aprenda de ti a vivir en el Reino de la Divina Voluntad también en las pequeñas acciones humanas de cada día.

    LECCIÓN DE LA PEQUEÑA REINA DEL CIELO:

    Querida hija mía, mi único deseo es tenerte cerca de mí, sin ti me siento sola y no tengo a quien confiarle mis secretos. Son mis cuidados maternos que buscan tener cerca de mí a mi hija que tengo en mi Corazón, para poder darle mis lecciones y así hacer que comprenda cómo se vive en el Reino de la Divina Voluntad. Pero en este Reino no entra la voluntad humana, ésta queda aniquilada y en acto de padecer continuas muertes ante la luz, la santidad y la potencia de la Divina Voluntad. Pero ¿crees tú que la voluntad humana se aflige porque la Voluntad Divina la tiene en acto de morir continuamente? ¡Ah, no, no! Al contrario, se siente feliz al ver que sobre su voluntad agonizante renace y surge la Divina Voluntad victoriosa y triunfante, y que le infunde alegría y felicidad sin fin. Hijita mía, bastaría con sólo comprender que es lo que significa dejarse dominar por la Divina Voluntad y probarlo, para hacer que la criatura aborreciera tanto su voluntad que se dejaría hacer pedazos antes de salirse de la Divina Voluntad.

    Y ahora escúchame: yo partí del cielo sólo para hacer la Voluntad del Eterno, y aunque yo tenía en mí mi cielo, cual era la Voluntad Divina, y era inseparable de mi Creador, me gustaba estar en mi patria celestial; tanto más que estando la Divina Voluntad en mí, yo sentía los derechos de hija, de estar con la Trinidad y de ser arrullada como una pequeñita entre sus brazos paternos y de participar de todas las alegrías y felicidades, de las riquezas y de la santidad que poseían, y yo trataba de tomar lo más que podía y de llenarme tanto hasta no poder contener más. El Ser Supremo gozaba al ver que yo, sin temor alguno, antes bien, con sumo amor, me llenaba de sus bienes, y no me sorprendía que me hicieran tomar todo lo que quería, porque, yo ra su hija y una era la Voluntad que nos animaba: lo que ellos querían lo quería también yo. De manera que sentía que las propiedades de mi Padre Celestial eran también mías, con la única diferencia de que yo era pequeña y no podía abrazar ni tomar todos sus bienes, porque por cuantos tomaba quedaban tantos todavía, pues yo no tenía la capacidad para depositarlos en mí, siendo siempre una criatura; en cambio la Divinidad era grande, inmensa y en un solo acto abrazaba todo.

    Sin embargo, apenas me daban a entender que debían privarme de sus alegrías celestiales y de los castos abrazos que nos dábamos, yo partía del cielo sin titubear y regresaba entre mis queridos padres.

    Ellos me amaban mucho y yo era del todo amable, delicada, alegre, pacífica y llena de gracia infantil, tanto que me robaba todo su cariño. Estaban sumamente atentos conmigo: yo era su joya y cuando me tomaban entre sus brazos sentían cosas insólitas, sentían una vida divina palpitante en mí.

    Hija de mi Corazón, tú debes saber que en cuanto comencé mi vida sobre la tierra, la Divina Voluntad empezó a extender su Reino en todos mis actos; de manera que mis oraciones, mis palabras, mis pasos, el alimento, el sueño que tomaba, los pequeños quehaceres con los que ayudaba a mi madre, estaban todos animados por la Divina Voluntad; y como te he llevado siempre en mi Corazón, como a hija mía te llamaba en todos mis actos, llamaba a cada uno de tus actos a que estuvieran junto con los míos, para que también en todos tus actos, incluso en los más indiferentes, se extendiera el Reino de la Divina Voluntad.

    Mira cuánto te he amado: si hacía oración, llamaba a tu oración en la mía, para que la tuya y la mía tuvieran el mismo valor y poder: el valor y el poder de una Voluntad Divina. Si hablaba, llamaba a tus palabras, si caminaba llamaba a tus pasos, y si me ocupaba en los pequeños quehaceres humanos indispensables a la naturaleza humana como tomar agua, barrer, ayudarle a mi madre a poner la leña para encender el fuego y tantas otras cosas semejantes, yo llamaba esos mismos actos tuyos para que adquirieran el valor de una Voluntad Divina y que tanto en tus actos como en los míos se extendiera su Reino; y mientras te llamaba en todos y cada uno de mis actos, llamaba al Verbo Eterno para que viniera sobre la tierra.

    ¡Oh, cuánto te he amado, hija mía! Yo quería que tus actos se unieran a los míos para hacerte feliz y hecerte reinar junto conmigo y oh, cuantas veces te llamaba a ti y a tus actos, pero muy a mi pesar los míos quedaban aislados, mientras que a los tuyos los veía como perdidos en tu voluntad; y —¡qué horrible sólo decirlo!— formaban en ti su reino, no divino, sino humano: reino de pasiones, reino de pecado, de infelicidad y desventura. Y yo, tu Madre, lloraba tu desgracia; y cada vez que vuelves a hacer un acto de voluntad humana, conociendo el reino infeliz en el que te precipitas, mis ojos se bañan de amargas lágrimas para hacerte comprender el gran mal que haces.

    Por eso, escucha a tu Madre, si te decides a hacer la Voluntad de Dios, con derecho te será dada toda alegría y felicidad; todo será en común con tu Creador; tus debilidades, tus miserias, desaparecerán y serás entonces la más amada de mis hijas, te tendré en mi mismo Reino para hacer que vivas siempre de Voluntad Divina.

    EL ALMA:

    Madre Santa, ¿quién puede resistir al verte llorar y no escuchar tus santas lecciones? Te lo prometo con todo mi corazón, te lo juro, nunca, nunca más volveré a hacer mi voluntad; y tú, Madre Divina, no me dejes nunca sola, para que el imperio de tu presencia haga que mi voluntad desaparezca, para hacerme reinar siempre, siempre en la Voluntad de Dios.

    PROPÓSITO:

    Hoy, para honrarme, me darás todos tus actos para hacerme compañía durante mi infancia y me ofrecerás tres actos de amor en memoria de los tres años que viví con mi madre Santa Ana.

    JACULATORIA:

    Reina potente, cautiva mi corazón para encerrarlo en la Divina Voluntad.
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  • Vol. 20. Noviembre 2, 1926 » Libro de cielo
    Ocultamiento de los propios actos en los actos de la Celestial Mamá, y cómo la suplen. La Redención servirá no más como alimento a los enfermos, sino como alimento a los sanos.
    Continuaba mi vivir en el Fiat Divino y mientras hacía mis actos en Él absorbía luz, la cual formando reflejos salían otros tantos hilos de luz, que formaban una red de luz que se distendía sobre la tierra para tomar a las criaturas, y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
    "Hija mía, cada vez que giras en mi Querer, tanta más luz tomas para formar la red para atrapar a las criaturas, ¿y sabes tú cuál es esta red? Son mis conocimientos. Por cuantas más verdades te manifiesto sobre el Fiat Eterno, tanto más dispongo y ensancho la red para atrapar a las almas que deben vivir en mi reino, y esto dispone al Señor a dártelas. Cuando giras en nuestra Voluntad, tus actos en virtud de Ella se vuelven luz y se agrandan tanto, que tocan la Divinidad y atraen otras luces de verdades en medio de las criaturas."
    Después mientras continuaba mi giro en todo lo que ha sido hecho en el Querer Supremo, he llegado a todo lo que había hecho mi Mamá Celestial en Él y le decía: "Soberana Señora, vengo a esconder mi pequeño amor en el gran mar de tu amor, mi adoración a Dios en el inmenso océano de la tuya, mis agradecimientos los escondo en el mar de los tuyos, mis súplicas, mis suspiros, mis lágrimas y penas, los escondo en el mar de los tuyos, a fin de que el mío y tu mar de amor sean uno solo, mi adoración y la tuya sean una sola, mis agradecimientos adquieran la grandeza de tus mismos confines, mis súplicas, lágrimas y penas se vuelvan un solo mar con el tuyo, a fin de que también yo tenga mis mares de amor, de adoración, etc., a fin de que así como tu Alteza Soberana consiguió con éstos al suspirado Redentor, así también yo me presento con todos estos mares delante a la Majestad Divina para pedirle, para rogarle insistentemente el reino del Fiat Supremo. Mamá, Reina mía, debo servirme de tu misma vía, de tus mismos mares de amor y de gracias para vencerlo y hacerle ceder su reino sobre la tierra, como lo venciste Tú para hacer descender al Verbo Eterno. ¿No quieres Tú ayudar a tu pequeña hija, dándome tus mares para que pueda obtener que pronto venga el reino del Fiat Supremo sobre la tierra?" Ahora, mientras esto hacía y decía, pensaba entre mí: "Mi Mamá Celestial no se ocupó ni tuvo tanto interés del reino del Fiat Supremo, que pronto viniera a reinar a la tierra, tuvo interés del suspirado Redentor y lo obtuvo, y del Fiat Divino que era más necesario y que debía poner el perfecto orden entre Creador y criatura no se ocupó, mientras que le tocaba a Ella, como Reina y Madre, el poner en paz a la voluntad humana y a la Divina, a fin de que reinara con su pleno triunfo." Mientras estaba en esto mi siempre amable Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho todo bondad:
    "Hija mía, la misión de mi inseparable Mamá era para el suspirado Redentor y la cumplió perfectamente, pero tú debes saber que todo lo que hicimos, tanto Yo como Ella, la sustancia, la fuente, la causa primaria era el reino de mi Voluntad. Pero como para que viniera este reino era necesario primero la Redención, mientras en nuestros actos, hacia adentro estaba el reino del Fiat, hacia afuera de ellos estábamos todos atentos y ocupados en el reino de la Redención. En cambio tu misión es exclusivamente para el reino del Supremo Querer, y todo lo que hicimos la Soberana Reina y Yo está a tu disposición para ayudarte, para suplirte, para darte acceso junto a la Divina Majestad para implorar y pedirle incesantemente que venga el reino del Eterno Fiat. Tú para recibir el bien del suspirado Redentor deberías haber hecho tu parte, pero no estando tú en aquel tiempo mi Mamá te suplió, ahora tú debes suplirla en su parte para el reino de mi Querer, así que la Mamá suplió a la hija y la hija suple a la Mamá. Mucho más que la Reina del Cielo fue la primera hija de mi Voluntad, y como vivió siempre en nuestros confines se formó sus mares de amor, de gracias, de adoración, de luz; ahora, siendo tú la segunda hija de mi Querer, lo que es suyo es tuyo, porque tu Mamá te tiene como parto suyo y goza de que su hija esté en sus mismos mares para hacerles implorar el tan suspirado reino del Fiat Divino sobre la tierra. Así que mira cómo tan ampliamente te suple tu Mamá, dándote todo lo que es suyo, es más, se siente honrada de que sus inmensos mares te sirvan para hacerte conseguir un reino tan santo."
    Después de esto estaba siguiendo en el Querer Divino lo que Jesús hizo en la Redención, y mi dulce Jesús regresando ha agregado:
    "Hija mía, mi Redención vino como remedio del hombre y por eso sirve como remedio, como medicina, como alimento a los enfermos, a los ciegos, a los mudos, a todas las especies de enfermedades, y como están enfermos no toman gusto ni reciben toda la fuerza que contienen todos los remedios que vine a traerles para su bien; el Sacramento Eucarístico que lo dejé como alimento para darles perfecta salud, muchos lo comen y comen y se ven siempre enfermos. Pobre alimento de mi misma Vida escondida bajo los velos de los accidentes del pan, cuántos paladares corruptos, cuántos estómagos indigestos que les impide sentir gusto de mi alimento y no digieren toda la fuerza de mi Vida Sacramental, y por eso quedan enfermos, y como son miembros acalenturados en el mal, lo toman sin apetito. Por eso suspiro tanto que venga el reino del Fiat Supremo, porque entonces todo lo que Yo hice cuando vine a la tierra servirá como alimento a aquellos que gozarán perfecta salud. ¿Cuál no es la diferencia entre un enfermo que toma el mismo alimento y otra persona que goza de perfecta salud? El enfermo lo toma sin apetito, sin gusto y le sirve para mantenerse y para no morir; el sano lo toma con apetito y conforme lo gusta toma de más y se conserva fuerte y sano. Así que, ¿cuál no será mi contento al ver que en el reino de mi Querer todo lo que Yo hice servirá no más como alimento a los enfermos, sino como alimento a los hijos de mi reino, que estarán todos llenos de vigor y de perfecta salud? Es más, con poseer mi Voluntad poseerán mi Vida permanente en ellos mismos, como la poseen los bienaventurados en el Cielo, así que mi Voluntad será el velo que esconderá mi Vida en ellos, y así como los bienaventurados mientras me poseen dentro de ellos como vida propia, porque la verdadera felicidad tiene principio en el interior del alma, por eso la felicidad que reciben continuamente de la Divinidad, da la mano, el beso a la felicidad que poseen dentro y por eso son plenamente felices; así el alma que posee mi Voluntad tendrá mi Vida perenne en ella, que le servirá de alimento continuo, no una vez al día como el alimento de mi Vida Sacramental, porque mi Voluntad hará más desahogo, no se contentará con darse una vez al día, sino que se dará continuamente, porque sabe que tienen paladares puros y estómagos fuertes para gustar y digerir en cada momento la Fuerza, la Luz, la Vida Divina; y los Sacramentos, mi Vida Sacramental, servirán como alimento, como deleite, como nueva felicidad a la Vida del Fiat Supremo que poseerán. El reino de mi Querer será el verdadero eco de la patria celestial, que mientras los bienaventurados poseen como vida propia a su Dios, lo reciben también de fuera de ellos mismos, así que dentro y fuera de ellos, Vida Divina poseen y Vida Divina reciben. ¿Cuál no será mi felicidad al darme sacramentado a los hijos del Fiat Eterno y encontrar en ellos mi misma Vida? Entonces se tendrá el fruto completo de mi Vida Sacramental, y al consumirse las especies no tendré más el dolor de dejar a mis hijos sin el alimento de mi Vida continua, porque mi Voluntad, más que accidentes Sacramentales mantendrá su Vida Divina siempre con su plena posesión. En el reino de mi Querer no habrá ni alimentos, ni comuniones interrumpidos, sino perennes, y todo lo que Yo hice en la Redención les servirá no más de remedio, sino de deleite, de alegría, de felicidad y de belleza siempre creciente. Así que el triunfo del Fiat Supremo dará el fruto completo al reino de la Redención."
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  • POR TU CAMINO, SEÑOR

    Aunque me tiemble el pulso,
    seré de los tuyos, anunciaré tu Palabra
    apoyaré, con mis débiles fuerzas,
    la Verdad que tu camino me indica.

    POR TU CAMINO, SEÑOR

    Creeré y esperaré en la eternidad que me brindas.
    Soñaré que, más allá de la noche incierta,
    aguarda un paraíso de felicidad y de plenitud.

    POR TU CAMINO, SEÑOR

    Entenderé que, más allá de la casa en la tierra,
    me esperas con un sitio cerca del Padre
    volverás para cumplir, como siempre lo haces,
    con tus promesas que superan
    las nuestras, humanas, caducas y falsas .

    POR TU CAMINO, SEÑOR

    Descubriré que, avanzando Tú por delante,
    eres la vía que lleva al rostro del Padre
    eres el sendero iluminado por el Espíritu Santo
    eres Aquel que, cuando se mira,
    encuentra frente a frente al que en el cielo espera.

    POR TU CAMINO, SEÑOR

    Te veremos y cantaremos la grandeza de creer en Ti.
    Te conoceremos y, contigo, sabremos de Dios.
    Te conoceremos y, contigo, viviremos en Dios.
    Te conoceremos y, contigo, marcharemos al Padre.
    Viviremos y, viviendo contigo,
    sentiremos que vivimos Aquel que te envió.

    Oración: P. Javier Leoz
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  • DÍA 11: LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD DURANTE LOS TRES PRIMEROS AÑOS DE SU VIDA FORMA UNA ESPLENDOROSÍSIMA AURORA PARA HACER SURGIR EN NUESTROS CORAZONES EL SUSPIRADO DÍA DE LA LUZ Y DE LA GRACIA.

    EL ALMA A LA PEQUEÑA REINA CELESTIAL:

    Aquí estoy una vez más cerca de tu cuna, Madrecita Celestial; mi pequeño corazón se siente fascinado por tu belleza y no puede apartar la mirada de tu hermosura tan singular. ¡Qué dulce es tu mirada! Con tus manitas me llamas para que te abrace y me estreche a tu Corazón ahogado de amor. Madre Santa, dame tus llamas para que quemen mi voluntad y así pueda complacerte y vivir junto contigo de Voluntad Divina.

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

    Hija mía, si tú supieras cómo goza mi Corazón materno al verte cerca de mi cuna para escucharme. Me siento realmente Reina y Madre, porque teniéndote cerca de mí no soy una Madre estéril, ni una Reina sin pueblo, sino que tengo a mi amada hija que tanto me ama y que quiere que yo sea su Madre y su Reina. Es por eso que tú eres la portadora de alegría a tu Madre, y más todavía porque vienes a mi seno para que te enseñe a vivir en el Reino de la Divina Voluntad. Tener una hija que quiere vivir junto conmigo en este Reino tan santo es para tu Madre la gloria, el honor y la fiesta más grande. Así que, préstame atención, querida hija mía, y yo seguiré narrándote las maravillas de mi nacimiento.

    Mi cuna se encontraba rodeada de Angeles que a cual más me cantaban todos canciones de cuna, como a su Reina Soberana; y puesto que el Creador me había dotado de razón y de ciencia infusa, cumplí con mi primer deber de adorar con mi intelecto y también con mi vocecita balbuciente de niña a la Santísima Trinidad; fue tanto el exceso de mi amor por su majestad suprema, que sintiéndome languidecer, ansiaba hasta el delirio encontrarme entre los brazos de la Divinidad para recibir sus abrazos y darle los míos. Y los Angeles, puesto que mis deseos eran órdenes para ellos, me tomaron sobre sus alas y me condujeron a los brazos amorosos de mi Padre Celestial. ¡Oh, con cuánto amor me esperaba! Yo venía del exilio y los pequeños intervalos de separación que llegaba a haber entre nosotros eran motivos de nuevos incendios de amor, eran nuevos dones que preparaban para darme; y yo también inventaba nuevos modos de pedir piedad y misericordia para mis hijos, los cuales viviendo en el exilio estaban bajo el azote de la divina justicia; y deshaciéndome de amor completamente, le decía:

    "Trinidad adorable, me siento feliz, me siento Reina, no conozco lo que es la infelicidad y la esclavitud, todo lo contrario, vuestra Divina Voluntad que reina en mí, me da tal y tanta alegría y felicidad que, pequeñita cual soy, no puedo abrazarla toda; pero en medio de tanta felicidad siento una vena de intensa amargura dentro de mi pequeño Corazón, porque veo en él a mis hijos infelices y esclavos de su voluntad rebelde. ¡Piedad, Padre Santo, piedad! ¡Haz que mi felicidad sea completa! ¡Haz que estos hijos infelices que llevo más que Madre en mi Corazón materno sean felices! ¡Haz que el Verbo encarnado descienda sobre la tierra y todo se reconciliará! Yo no bajaré de tu seno paterno si no me das el salvoconducto de tus gracias, de manera que pueda llevarles a mis hijos la buena nueva de su redención."

    La Divinidad se conmovía con mis oraciones y colmándome con nuevos dones me decía:

    "Regresa al exilio y continúa tus oraciones, extiende el Reino de nuestra Voluntad en todos tus actos, que a su tiempo te contentaré."

    Pero no me decía ni cuando ni donde iba a venir. Así pues, yo partía del cielo sólo para cumplir la Voluntad Divina, y éste era para mí el sacrificio mas heroico, pero lo hacía con gusto, para hacer que sólo la Divina Voluntad tuviera pleno dominio sobre mí.

    Escúchame, hija mía; ¡cuánto me costó tu alma! Llegó hasta amargar el océano inmenso de mis alegrías y felicidades: cada vez que tú haces tu voluntad, te vuelves esclava y sientes tu infelicidad, y yo, cual Madre tuya, siento en mi Corazón la infelicidad de mi hija. ¡Oh, qué dolor es tener hijos infelices! ¡Cuánto debes tomar a pecho hacer siempre la Voluntad de Dios! ¡Yo llegaba hasta irme del cielo para hacer que mi voluntad no tuviera vida en mí!

    Hija mía, sígueme escuchando; tu primer deber en todos tus actos sea el de escuchar a tu Creador, conocerlo y amarlo; esto te pondrá en el orden de la creación y te hará reconocer a quien te creó. Es éste el deber más santo de toda criatura: reconocer su propio origen.

    Tú debes saber que el conducirme al cielo y después descender y ponerme a orar formaba la aurora a mi alrededor, que difundiéndose por todo el mundo rodeaba los corazones de mis hijos, para hacer que después del alba siguiera la aurora, y así hacer que amaneciera el sereno día de espera de la venida del Verbo Divino sobre la tierra.

    EL ALMA:

    Madre Celestial, al ver que apenas recién nacida me das lecciones tan santas, yo me siento extasiada y puedo comprender que me amas tanto que por causa mía no podías ser del todo feliz. Madre Santa, tú que tanto me amas, haz que penetren en mi corazón la potencia, el amor y las alegrías que te inundan, para que llena de ellas mi voluntad no encuentre un lugar para vivir en mí y ceda libremente su lugar al dominio de la Divina Voluntad.

    PROPÓSITO:

    Hoy, para honrarme, harás tres actos de adoración a tu Creador, recitando tres veces el "Gloria al Padre" para darle gracias por todas las veces que me concedió la gracia de ser admitida en su presencia.

    JACULATORIA:Madre Celestial, haz que surja en mi alma la aurora divina de la Divina Voluntad.
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  • Vol. 20. Octubre 29, 1926 » Libro de cielo
    Nuestro Señor concentraba su Amor hacia el hombre en todas las cosas creadas por Él. Desahogo de amor al crearlo, y cómo el Fiat lo hacía vivir a los reflejos de su Creador.
    Estaba continuando mi giro en toda la Creación para seguir cada acto de la Voluntad Suprema en cada una de las cosas creadas, y mi siempre amable Jesús ha salido de dentro de mi interior para acompañarme en todo el espacio de la bóveda de los cielos, y conforme llegábamos a cada una de las cosas creadas, Jesús tenía sobresaltos de alegría y de amor, y después deteniéndose me ha dicho:
    "Hija mía, Yo creé el cielo y concentré mi Amor hacia el hombre en el cielo, y para darle mayor deleite lo cubrí de estrellas, Yo no amé el cielo, sino al hombre en el cielo y para él lo creé; cómo fue fuerte y grande mi Amor al extender sobre la cabeza del hombre esta bóveda azul, adornada de fulgidísimas estrellas, como un pabellón que ni reyes ni emperadores pueden tener uno igual. Pero no me contenté con concentrar mi Amor hacia el hombre en el cielo que debía servir para puro deleite, sino que queriéndome deleitar en amor con él quise crear el sol, concentrando hacia el hombre tanto amor en el sol; Yo amaba al hombre en el sol, no al sol, y por eso Yo ponía en él, amor de necesidad, porque era necesario el sol para la tierra, pues debía servir a las plantas y al bienestar del hombre, amor de luz que debía iluminarlo, amor de fuego que debía calentarlo, en todos los efectos que produce este astro, que son innumerables, milagro continuo que está en la bóveda de los cielos y que desciende con su luz para bien de todos, tantas especialidades de amor concentré en el sol hacia el hombre por cuantos bienes y efectos produce. ¡Oh, si la criatura al menos pusiera atención a mi Amor que le lleva el sol, cómo me sentiría feliz y correspondido por el gran amor que he puesto en éste mi relator divino y portador de mi Amor, de mi luz! Si mi Suprema Voluntad obraba constituyéndose vida en cada cosa creada, para darse también por medio de ellas como vida a las generaciones humanas, mi Amor haciendo su camino en mi Eterno Fiat se concentraba para amarlo, así que en cada cosa creada, en el viento, en el mar, en la pequeña flor, en el pajarito que canta, en todo, Yo concentraba mi Amor a fin de que todos le llevaran amor, pero para sentir, comprender y recibir este mi lenguaje de amor, el hombre debía amarme, de otra manera toda la Creación habría sido como muda para él y sin vida. Ahora, después de que creé todo, formé la naturaleza del hombre con mis mismas manos creadoras, y conforme formaba los huesos, extendía los nervios, formaba el corazón, así concentraba mi Amor, y después que lo vestí de carne, formándolo como la más bella estatua que ningún otro artífice podía jamás hacer, lo miré, lo amé tanto, que no pudiendo contenerlo, mi Amor se derramó, y dándole mi aliento le infundí la vida; pero no estuvimos contentos, la Trinidad Sacrosanta dando en excesos de amor quiso dotarlo, dándole inteligencia, memoria y voluntad, y según su capacidad de criatura lo enriquecimos con todas las partículas de nuestro Ser Divino. Toda la Divinidad estaba atenta a amar y a verterse en el hombre; desde el primer instante de su vida sintió toda la fuerza de nuestro Amor y desde el fondo de su corazón expresó con su voz el amor a su Creador. ¡Oh! cómo nos sentimos felices al oír que nuestra obra, la estatua hecha por Nosotros hablaba, nos amaba, y con amor perfecto. Era el reflejo de nuestro Amor que salía de él, este amor no había sido contaminado por su voluntad y por eso su amor era perfecto, porque poseía la plenitud de nuestro Amor. Hasta entonces, de todas las cosas creadas por Nosotros ninguna cosa nos había dicho que nos amaba, así que al oír que el hombre nos amaba, nuestra alegría, nuestro contento fue tan grande, que por cumplimiento de nuestra fiesta lo constituimos rey de todo el universo y como el más bello joyel de nuestras manos creadoras. Cómo era bello el hombre en los primeros tiempos de su creación, era nuestro reflejo, y estos reflejos le daban tanta belleza que raptaba nuestro Amor y lo volvía perfecto en todos sus actos. Perfecta era la gloria que daba a su Creador, perfecta su adoración, su amor, sus obras, su voz era tan armoniosa que resonaba en toda la Creación, porque poseía la armonía divina y de aquel Fiat que le había dado la vida. Todo era orden en él, porque nuestro Querer le llevaba el orden de su Creador, lo volvía feliz y lo hacía crecer a nuestra semejanza, según nuestras palabras: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza." Cada acto suyo hecho en la unidad de la luz del Fiat Supremo era una tinta de belleza divina que adquiría, cada palabra suya era una nota armoniosa de más que tocaba; todo era amor en él, en todo nos ensalzaba nuestra Gloria, nuestra Potencia y Sabiduría infinita, y todo, cielo, sol y tierra le llevaban las alegrías, felicidad y amor de Aquél que lo había creado.
    Si tú pudieras formar una estatua, según te gustara más, y después verterte toda tú misma en ella dándole todos los humores vitales, y con el imperio de tu amor darle la vida, ¿cuánto no la amarías, y cuánto no querrías que te amase? ¿Cuál no sería tu celo de amor de que toda estuviese a tu disposición y que ni siquiera un latido tolerarías que no fuera hecho para ti? ¡Ah! tú en tu estatua te mirarías a ti misma, y por lo tanto, en cada pequeña cosa no hecha para ti sentirías un desgarro hecho a ti misma. Tal soy Yo, todo lo que la criatura no hace para Mí son tantos desgarros que siento, mucho más que la tierra que la sostiene es mía, el sol que la ilumina y calienta es mío, el agua que bebe, el alimento que toma es mío, todo es mío, vive a expensas mías y mientras todo le doy, ella, mi bella estatua no es para Mí. ¿Cuál no será entonces mi dolor, la afrenta y la ofensa que me hace esta estatua? Piénsalo tú misma hija mía. Ahora, tú debes saber que sólo mi Voluntad puede devolverme mi estatua bella como Yo la hice, porque Ella es la conservadora de todas nuestras obras y la portadora de todos nuestros reflejos, de modo que el alma vive de nuestros reflejos, los cuales, si ama, le suministra la perfección del amor; si obra, la perfección de las obras; en suma, todo lo que hace, todo es perfecto en ella y esta perfección le da tantas tintas de varias bellezas, de enamorar al Artífice que la formó. He aquí por qué amo tanto que el Fiat Supremo sea conocido y forme su reino en medio de las generaciones humanas, para establecer el orden entre Creador y criatura, para volver a poner en común nuestros bienes con ella y sólo nuestra Voluntad tiene este poder, sin Ella no puede haber mucho de bien, ni nuestra estatua puede regresarnos bella como salió de nuestras manos creadoras."
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  • MARÍA, MADRE DE LA ESPERANZA. 00:00
    MARÍA, MADRE DE LA ESPERANZA. CATEQUESIS DEL PAPA, Miércoles 10/05/17.-
     
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  • Vol. 20. Octubre 26, 1926 »Libro de cielo
    En todos los actos que hizo Jesús, su finalidad era el reino del Fiat Divino. Adán se siente volver a dar el honor perdido por él.
    Continuaba uniéndome junto con los actos que Jesús hizo en la Redención, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:
    "Hija mía, mira como todos los actos que hice al redimir al hombre, aun mis mismos milagros que hice en mi vida pública, no eran otra cosa que llamar el reino del Fiat Supremo en medio de las criaturas, en el acto de hacerlos pedía a mi Padre Celestial que lo hiciera conocer y lo restableciera en medio de las generaciones humanas. Si daba la vista a los ciegos, mi primer acto era el de poner en fuga las tinieblas de la voluntad humana, causa primaria de la ceguera del alma y del cuerpo, y que la luz de la mía iluminara las almas de tantos ciegos, a fin de que obtuvieran la vista y así mirar mi Voluntad para amarla, a fin de que también sus cuerpos estuvieran exentos de perder la vista; si daba el oído a los sordos, primero pedía a mi Padre que adquirieran el oído para escuchar las voces, los conocimientos, los prodigios de mi Querer Divino, a fin de que entrase en sus corazones como camino para dominarlos, a fin de que no más sordos existieran en el mundo, ni en el alma ni en el cuerpo; también cuando resucité a los muertos pedía que resucitasen las almas en mi Eterno Querer, también aquellas putrefactas y vueltas más que cadáveres por la voluntad humana. Y cuando tomé las cuerdas para arrojar a los profanadores del templo, era a la voluntad humana que arrojaba, a fin de que entrase la mía, reinante y dominante, para que fuesen verdaderamente ricos en el alma y no más sujetos a pobreza natural. Y hasta cuando entré triunfante en Jerusalén, en medio de la muchedumbre, rodeado de honor y de gloria, era el triunfo de mi Voluntad que establecía en medio de los pueblos, no hubo un acto que Yo hiciera estando en la tierra, en que no pusiera mi Voluntad como acto primero para restablecerla en medio de las criaturas, porque era la cosa que más me importaba. Y si no fuera así, que en todo lo que obré y sufrí no hubiera tenido como acto primero el reino del Fiat Supremo para restablecerlo en medio de las criaturas, mi venida a la tierra hubiera traído a las generaciones humanas un bien a la mitad, no completo, y la gloria de mi Padre Celestial no habría sido completamente reintegrada por Mí, porque como mi Voluntad es principio de todo bien, es finalidad única de la Creación y Redención, por lo tanto es fin de cumplimiento de todas nuestras obras. Así que sin Ella nuestras obras más bellas quedan comenzadas y sin cumplimiento, porque es Ella sola la corona de nuestras obras y el sello de que nuestra obra está cumplida. He aquí por esto, que por honor y gloria de la misma obra de la Redención, debía tener como acto primero la finalidad del reino de mi Voluntad."
    Después de esto estaba comenzando mi giro en la Divina Voluntad y poniéndome en el edén terrenal, donde Adán había hecho el primer acto de sustracción de su voluntad a la Divina, decía a mi dulce Jesús: "Amor mío, quiero aniquilar mi querer en el tuyo, para que jamás tenga vida, para hacer que en todo y por siempre tenga vida la tuya, para reparar el primer acto que hizo Adán, para volver a dar toda aquella gloria a tu Supremo Querer como si Adán no se hubiera sustraído de Él. ¡Oh! cómo quisiera volver a darle el honor perdido por él porque hizo su voluntad y rechazó la tuya, y este acto intento hacerlo por cuantas veces todas las criaturas han hecho su voluntad, causa de todos sus males y han rechazado la tuya, principio y fuente de todos los bienes, por eso te ruego que venga pronto el reino del Fiat Supremo, a fin de que todos, desde Adán hasta todas las criaturas que han hecho su voluntad, reciban el honor, la gloria perdida y tu Querer reciba el triunfo, la gloria y su cumplimiento." Ahora, mientras esto decía, mi sumo Bien Jesús se ha conmovido todo y enternecido, y haciéndome presente a mi primer padre Adán, ha hecho que él me dijera con un énfasis de amor todo especial:
    "Hija bendita, finalmente mi Señor Dios después de tantos siglos ha hecho salir a la luz del día a aquella que debía pensar en volverme a dar el honor y la gloria que perdí con hacer, desdichadamente, mi voluntad. Cómo me siento duplicada mi felicidad, hasta ahora ninguno ha pensado en volver a darme este honor que perdí, por eso agradezco vivamente a Dios que te ha hecho salir a la luz, y te agradezco a ti, como hija a mí muy amada, que hayas tomado el empeño de volver a dar a Dios la gloria como si jamás su Voluntad hubiese sido ofendida por mí, y a mí el gran honor de que el reino del Fiat Supremo sea restablecido en medio de las generaciones humanas. Es justo que te ceda el lugar que a mí me tocaba, como primera criatura salida de las manos de nuestro Creador."
    Después de esto mi amable Jesús estrechándome a Él me ha dicho:
    "Hija mía, no sólo Adán sino todo el Cielo esperan tus actos en mi Querer, a fin de que reciban el honor que les ha quitado su querer humano; tú debes saber que he puesto más gracia en ti, que no puse en Adán, para hacer que mi Querer te poseyera y con triunfo te dominara, y el tuyo se sintiese honrado de no tener jamás vida y cediera el puesto a mi Voluntad. En él no puse mi Humanidad como ayuda y fuerza suya y como cortejo de mi Voluntad, porque no la tenía entonces, en ti la he puesto para suministrarte todas las ayudas que se necesitan para hacer que la tuya esté en su puesto y la mía pueda reinar, y junto contigo seguir tus giros en mi Eterno Querer para establecer su reino."
    Yo al oír esto, como sorprendida he dicho: "Jesús mío, ¿qué dices? Me parece que quieres tentarme y burlarte de mí. ¿Será posible que has puesto más gracia en mí que en Adán?"
    Y Jesús: "Cierto, cierto hija mía, debía hacer de modo que tu voluntad fuera sostenida por una Humanidad Divina para hacer que no vacilara y estuviera firme en mi Voluntad, por eso no me burlo, sino que te lo digo a fin de que me correspondas y seas atenta."
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  • AMOR PASCUAL

    Amor de carne y sangre,
    de entrega y tiempo,
    de historia y lucha.
    Amor de fiesta y llanto,
    de alianza eterna,
    de mesa puesta,
    de mano abierta.

    Amor que no negocia
    ni escatima…
    Dispuesto a partirse
    para llegar a todos,
    especialmente
    a los desamados,
    a los solos,
    a los que hambrean
    encuentro,
    justicia
    y ternura.

    Amor por cada ser humano,
    tú conoces nuestros pies de barro,
    nuestros sueños,
    nuestras metas,
    nuestro pecado,
    el bien que soñamos
    y el que negamos…

    Amor de Dios
    hecho carne
    entregándote
    como palabra
    última, definitiva,
    como raíz que ha de llegar
    a la entraña de las vidas
    para transformarlo todo.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    “Pedid a nuestro Señor reparta abundantes gracias de conversión para tantas almas que están separadas de Dios; y que el mal no se propague tanto, que se hace muy aflictivo el vivir en este mundo donde tanto se le ofende, y queriendo dar la mano a los pecadores la rehúsan y no se quieren levantar. Pedid que, con su infinito poder, todo lo remedie”.

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • AMOR PASCUAL

    Amor de carne y sangre,
    de entrega y tiempo,
    de historia y lucha.
    Amor de fiesta y llanto,
    de alianza eterna,
    de mesa puesta,
    de mano abierta.

    Amor que no negocia
    ni escatima…
    Dispuesto a partirse
    para llegar a todos,
    especialmente
    a los desamados,
    a los solos,
    a los que hambrean
    encuentro,
    justicia
    y ternura.

    Amor por cada ser humano,
    tú conoces nuestros pies de barro,
    nuestros sueños,
    nuestras metas,
    nuestro pecado,
    el bien que soñamos
    y el que negamos…

    Amor de Dios
    hecho carne
    entregándote
    como palabra
    última, definitiva,
    como raíz que ha de llegar
    a la entraña de las vidas
    para transformarlo todo.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    “Pedid a nuestro Señor reparta abundantes gracias de conversión para tantas almas que están separadas de Dios; y que el mal no se propague tanto, que se hace muy aflictivo el vivir en este mundo donde tanto se le ofende, y queriendo dar la mano a los pecadores la rehúsan y no se quieren levantar. Pedid que, con su infinito poder, todo lo remedie”.

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    Amor que no negocia
    ni escatima…
    Dispuesto a partirse
    para llegar a todos,
    especialmente
    a los desamados,
    a los solos,
    a los que hambrean
    encuentro,
    justicia
    y ternura.

    Amor por cada ser humano,
    tú conoces nuestros pies de barro,
    nuestros sueños,
    nuestras metas,
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    hecho carne
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    ni escatima…
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    a los desamados,
    a los solos,
    a los que hambrean
    encuentro,
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    Amor por cada ser humano,
    tú conoces nuestros pies de barro,
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    Amor de fiesta y llanto,
    de alianza eterna,
    de mesa puesta,
    de mano abierta.

    Amor que no negocia
    ni escatima…
    Dispuesto a partirse
    para llegar a todos,
    especialmente
    a los desamados,
    a los solos,
    a los que hambrean
    encuentro,
    justicia
    y ternura.

    Amor por cada ser humano,
    tú conoces nuestros pies de barro,
    nuestros sueños,
    nuestras metas,
    nuestro pecado,
    el bien que soñamos
    y el que negamos…

    Amor de Dios
    hecho carne
    entregándote
    como palabra
    última, definitiva,
    como raíz que ha de llegar
    a la entraña de las vidas
    para transformarlo todo.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    “Pedid a nuestro Señor reparta abundantes gracias de conversión para tantas almas que están separadas de Dios; y que el mal no se propague tanto, que se hace muy aflictivo el vivir en este mundo donde tanto se le ofende, y queriendo dar la mano a los pecadores la rehúsan y no se quieren levantar. Pedid que, con su infinito poder, todo lo remedie”.

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • AMOR PASCUAL

    Amor de carne y sangre,
    de entrega y tiempo,
    de historia y lucha.
    Amor de fiesta y llanto,
    de alianza eterna,
    de mesa puesta,
    de mano abierta.

    Amor que no negocia
    ni escatima…
    Dispuesto a partirse
    para llegar a todos,
    especialmente
    a los desamados,
    a los solos,
    a los que hambrean
    encuentro,
    justicia
    y ternura.

    Amor por cada ser humano,
    tú conoces nuestros pies de barro,
    nuestros sueños,
    nuestras metas,
    nuestro pecado,
    el bien que soñamos
    y el que negamos…

    Amor de Dios
    hecho carne
    entregándote
    como palabra
    última, definitiva,
    como raíz que ha de llegar
    a la entraña de las vidas
    para transformarlo todo.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    “Pedid a nuestro Señor reparta abundantes gracias de conversión para tantas almas que están separadas de Dios; y que el mal no se propague tanto, que se hace muy aflictivo el vivir en este mundo donde tanto se le ofende, y queriendo dar la mano a los pecadores la rehúsan y no se quieren levantar. Pedid que, con su infinito poder, todo lo remedie”.

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • AMOR PASCUAL

    Amor de carne y sangre,
    de entrega y tiempo,
    de historia y lucha.
    Amor de fiesta y llanto,
    de alianza eterna,
    de mesa puesta,
    de mano abierta.

    Amor que no negocia
    ni escatima…
    Dispuesto a partirse
    para llegar a todos,
    especialmente
    a los desamados,
    a los solos,
    a los que hambrean
    encuentro,
    justicia
    y ternura.

    Amor por cada ser humano,
    tú conoces nuestros pies de barro,
    nuestros sueños,
    nuestras metas,
    nuestro pecado,
    el bien que soñamos
    y el que negamos…

    Amor de Dios
    hecho carne
    entregándote
    como palabra
    última, definitiva,
    como raíz que ha de llegar
    a la entraña de las vidas
    para transformarlo todo.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    “Pedid a nuestro Señor reparta abundantes gracias de conversión para tantas almas que están separadas de Dios; y que el mal no se propague tanto, que se hace muy aflictivo el vivir en este mundo donde tanto se le ofende, y queriendo dar la mano a los pecadores la rehúsan y no se quieren levantar. Pedid que, con su infinito poder, todo lo remedie”.

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • AMOR PASCUAL

    Amor de carne y sangre,
    de entrega y tiempo,
    de historia y lucha.
    Amor de fiesta y llanto,
    de alianza eterna,
    de mesa puesta,
    de mano abierta.

    Amor que no negocia
    ni escatima…
    Dispuesto a partirse
    para llegar a todos,
    especialmente
    a los desamados,
    a los solos,
    a los que hambrean
    encuentro,
    justicia
    y ternura.

    Amor por cada ser humano,
    tú conoces nuestros pies de barro,
    nuestros sueños,
    nuestras metas,
    nuestro pecado,
    el bien que soñamos
    y el que negamos…

    Amor de Dios
    hecho carne
    entregándote
    como palabra
    última, definitiva,
    como raíz que ha de llegar
    a la entraña de las vidas
    para transformarlo todo.

    José Mª Rodríguez Olaizola, SJ.

    “Pedid a nuestro Señor reparta abundantes gracias de conversión para tantas almas que están separadas de Dios; y que el mal no se propague tanto, que se hace muy aflictivo el vivir en este mundo donde tanto se le ofende, y queriendo dar la mano a los pecadores la rehúsan y no se quieren levantar. Pedid que, con su infinito poder, todo lo remedie”.

    Santa Ángela de la Cruz.
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  • DÍA 9:

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD ES CONSTITUIDA POR DIOS PACIFICADORA CELESTIAL: VÍNCULO DE PAZ ENTRE EL CREADOR Y LA CRIATURA.

    EL ALMA A SU REINA CELESTIAL:

    Soberana Señora y queridísima Madre mía, veo que me llamas al sentir la fuerza del amor que arde en tu Corazón, porque quieres contarme todo lo que hiciste en el Reino de la Divina Voluntad por tu hija.

    ¡Qué bello es verte dirigir tus pasos hacia tu Creador! Apenas escuchan tus pisadas, te miran y se sienten heridos por la pureza de tus miradas y te espera para ser espectadores de tu inocente sonrisa, para así poder sonreírte y gozarse contigo. Madre Santa, en medio de tus alegrías y de tus castas sonrisas con tu Creador, no te olvides de tu hija que vive en el exilio, pues tengo tanta necesidad, ya que con frecuencia mi voluntad, queriendo levantar la cabeza, quisiera arrollarme para apartarme del Reino de la Divina Voluntad.

    LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

    Hija de mi Corazón materno, no temas, nunca te olvidaré; es más, si tú haces siempre la Divina Voluntad y vives en su Reino, seremos inseparables, te llevaré siempre de la mano para guiarte y enseñarte a vivir en el Fiat Supremo; por eso, destierra todo temor; en él todo es paz y seguridad. Es la voluntad humana la que turba a las almas y que pone en peligro las obras más bellas y las cosas más santas. Con ella todo está en peligro: en peligro la santidad, la virtud, la salvación misma del alma; y la característica de quien vive de voluntad humana es la volubilidad. ¿Quién puede fiarse de aquel que se deja dominar por su propia voluntad humana? ¡Nadie! Ni Dios, ni los hombres. Se asemejan estas almas a cañas vacías que se agitan al más mínimo viento. Por eso, queridísima hija mía, si algún soplo de viento te quiere hacer inconstante, sumérgete en el mar de la Divina Voluntad y ven a esconderte en el regazo de tu Madre, para que te defienda del viento de tu voluntad humana y estrechándote entre mis brazos te haga ser firme y estar segura en el camino de su Reino Divino.

    Hija mía, ven junto conmigo ante la Majestad Suprema y escúchame. Con mis rápidos vuelos yo llegaba a sus brazos divinos y en cuanto llegaba sentía su amor rebosante que me cubría con sus olas impetuosas. ¡Oh, qué bello es sentirse amado por Dios! En este amor la criatura siente santidad, felicidad, infinitas alegrías y se siente tan embellecida, que Dios mismo se siente atraído por la muy particular belleza que infunde en la criatura cuando la ama. Yo quería imitarlo y, aunque era muy pequeña, no quería quedarme atrás a tanto amor suyo; por eso, con las olas de amor que me había dado yo formaba mis olas para cubrir a mi Creador con mi amor, y mientras lo hacía yo sonreía porque sabía que mi amor nunca habría podido cubrir la inmensidad de su amor; pero a pesar de todo yo hacía la prueba y sobre mis labios florecía mi inocente sonrisa. El Ser Supremo sonreía al verme sonreír, y festejaba y se divertía con mi pequeñez.

    Ahora bien, mientras nos amabamos tanto yo me recordaba del doloroso estado en que se encontraba mi familia humana sobre la tierra: yo también pertenecía a su estirpe. ¡Oh, cómo me dolía! Yo pedía insistentemente que descendiera el Verbo Eterno a poner remedio y lo hacía con una ternura tal, que llegaba a transformar la sonrisa y la fiesta en llanto. El Altísimo se conmovía mucho con mis lágrimas, sobre todo porque se trataba de las lágrimas de una pequeñita, y estrechándome a su seno divino me secaba las lágrimas y me decía:

    "Hija mía, no llores, anímate, en tus manos hemos puesto el destino del género humano, te hemos confiado el mando y ahora para consolarte aún más, te constituimos pacificadora entre la familia humana y nosotros; así que a ti te es dado el establecer la paz entre nosotros. La potencia de nuestra Voluntad que reina en ti se impone sobre nosotros y pide el beso de la paz para la pobre humanidad caída y en peligro. "

    ¿Quién pudiera decirte, hija mía, la alegría que sentía mi Corazón ante tanta condescendencia divina? Era tanto mi amor que me sentía desvanecer y, delirando, suspiraba, buscando aún más amor para aliviar mi ansiedad.

    Ahora, una palabra a ti, hija mía; si tú me escuchas y haces a un lado tu voluntad humana, dándole su lugar al Fiat Divino, también tú serás amada de un modo especial por tu Creador, serás su sonrisa, lo pondrás de fiesta y serás el vínculo de paz entre Dios y el mundo.

    EL ALMA:

    Bellísima Madre mía, ayúdale a tu hija; introdúceme tú misma en el mar de la Divina Voluntad, cúbreme con las olas del amor eterno, para que no vea ni sienta otra cosa que no sea Voluntad Divina y amor.

    PROPÓSITO:

    Hoy, para honrarme, me pedirás todos mis actos y los encerrarás en tu corazón, para que sientas la fuerza de la Divina Voluntad que reina en mí; después se los ofrecerás al Altísimo para darle gracias por todos los oficios que me confió para salvar a las criaturas.

    JACULATORIA:Reina de la Paz, haz que la Divina Voluntad me dé el beso de la paz.
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  • DÍA 8:

    LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD RECIBE DE SU CREADOR LA ORDEN DE PONER A SALVO LA SUERTE DEL GÉNERO HUMANO.

    EL ALMA A LA DIVINA SOBERANA:

    Ya estoy aquí junto a ti, Madre Celestial, y siento que no puedo estar sin ti; mi pobre corazón está inquieto y no puede encontrar paz sino hasta que se halla en tu seno como una pequeñita estrechada a tu Corazón, para escuchar tus lecciones. El tono de tu voz endulza todas mis amarguras, ata dulcemente mi voluntad y poniéndola como escabel bajo la Divina Voluntad me hace sentir su dulce imperio, su vida y su felicidad.

    LECCIÓN DE LA SOBERANA CELESTIAL:

    Querida hija mía, mi amor por ti es inmenso, ten confianza en tu Madre y así podrás estar segura de obtener victoria sobre tu voluntad. Si tú me eres fiel, yo me comprometeré totalmente contigo y seré una verdadera Madre para ti. Por eso, oye bien lo que hice por ti ante el Altísimo.

    Yo no sabía hacer otra cosa que estar siempre sobre las rodillas de mi Padre Celestial; todavía estaba muy pequeña, aún no nacía, pero la Divina Voluntad, de la cual yo poseía su vida, hacía que fueran posibles las visitas que yo le hacía a mi Creador; todas las puertas y todos los caminos estaban totalmente abiertos para mí y yo no tenía miedo o temor alguno de ellos. La voluntad humana es la única que puede provocar miedo, temor y desconfianza y es la única que puede alejar a la criatura de quien tanto la ama y que tanto quiere estar rodeado por sus hijos. De manera que si la criatura tiene miedo o temor y no sabe estar como una hija cerca de su Padre, es señal de que no reina en ella la Divina Voluntad y por eso estas criaturas son las mártires, las torturadas de la voluntad humana. Hija mía, jamás hagas tu voluntad, no quieras torturarte y martirizarte a ti misma, pues este es el más horrible de los martirios que se pueda sufrir, pues se sufre sin ninguna fuerza y sostén.

    Escúchame bien, yo me arrojaba siempre a los brazos de la Divinidad, sobre todo porque me esperaban y al verme hacían fiesta. Me amaban tanto que apenas me presentaba ante ellos derramaban en mi alma otros mares de amor y de santidad; no recuerdo nunca haberme ido sin que me hubieran dado otros nuevos dones sorprendentes.

    Mientras estaba entre sus brazos yo rezaba por el género humano y muchas veces con lágrimas y suspiros lloraba por ti, hija mía, y por todos; lloraba por tu voluntad rebelde, por tu triste suerte de verte esclava de ella, que te vuelve infeliz. El ver infeliz a mi hija, me hacía derramar tantas y tan amargas lágrimas, que llegaba hasta bañar las manos de mi Padre Celestial con mis lágrimas; y la Divinidad enternecida por mi llanto me decía:

    "Querida hija nuestra, tu amor nos ata, tus lágrimas apagan el fuego de la divina justicia, tus oraciones nos atraen tanto hacia las criaturas que no podemos ponerte resistencia; por eso, a ti te damos la orden de poner a salvo la suerte del género humano. Tú serás nuestra Soberana en medio de ellos, a ti te confiamos sus almas, tú defenderás nuestros derechos lesionados por sus culpas; estarás en medio de ellos y de nosotros, para ajustar las cuentas de ambas partes. En ti sentimos la fuerza invencible de nuestra Voluntad Divina que por medio de ti ruega y llora, ¿quién podría ponerte resistencia? Tus dulces lamentos y tus oraciones son órdenes para nosotros, tus lágrimas imperan sobre nuestro Ser Divino; por eso, ¡sigue adelante en tu empresa! "

    Amadísima hija mía, mi pequeño Corazón se sentía consumar de amor, por la forma de hablar de la Divinidad y llena de amor acepté su mandato y humildemente respondí:

    "Majestad altísima, estoy aquí entre vuestros brazos, haced de mí lo que queráis. Yo sacrificaré de muy buena gana mi vida y si tuviera tantas vidas por cuantas criaturas existen, yo las pondría a disposición de ellas y de vosotros, para salvar sus almas y llevarlas a vuestros brazos paternos."

    Y sin saber entonces que yo iba a ser la Madre del Verbo Divino, ya sentía en mí una doble maternidad: maternidad por Dios, para defender sus justos derechos, y maternidad por las criaturas, para ponerlas a todas a salvo.

    Me sentía Madre de todos: la Divina Voluntad que reinaba en mí y que no sabe hacer cosas aisladas, me hacía llevar en mí a Dios y a todas las criaturas de todos los siglos. En mi Corazón materno sentía por un lado a mi Dios ofendido deseoso de recibir satisfacción y por otro lado a las criaturas bajo el imperio de la divina justicia. ¡Oh, cuántas lágrimas derramé! ¡Quería hacer que mis lágrimas penetraran en cada corazón, quería hacerles sentir a todos mi maternidad colma de amor! ¡Lloré por ti y por todos, hija mía!

    Por eso, escúchame: ten piedad de mi llanto, toma mis lágrimas para que mitigues tus pasiones y para hacer que tu voluntad pierda la vida. Este es el ardiente deseo de mi Corazón materno: que tu hagas la Voluntad de Dios.

    EL ALMA:

    Madre Celestial, mi pobre corazón no resiste al escuchar cuánto me amas. ¡Ah, me amas demasiado y hasta lloras por mí! ¡Siento que tus lágrimas penetran en mi corazón y que cada una de ellas me abre una herida que me hace comprender cuánto me amas! Quiero unir mis lágrimas a las tuyas y pedirte llorando que nunca me dejes sola, que me cuides en todo: si es necesario deja caer tu mano sobre mí como Madre que eres, y yo, como pequeña hija tuya, dejaré que tú me hagas todo lo que quieras, para que tu dominio sea tu bienvenida y así tú puedas llevarme entre tus brazos a nuestro Padre Celestial como acto cumplido de tu dominio.

    PROPÓSITO:

    Hoy, para honrarme, me darás tu voluntad, tus penas, tus lágrimas, tus ansias, tus dudas y tus temores, para que como Madre tuya las tenga dentro de mi Corazón materno y Yo en cambio te de la preciosa prenda de la Divina Voluntad.

    JACULATORIA:

    Celestial Madre mía, derrama tus lágrimas en mi alma, para que me curen las heridas producidas por mi voluntad.
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